De vuelta en el teclado, cuatro meses después, haciendo evidente que con cuatro meses de buenas intenciones no basta que hay que hacer un poco más y ponerse. Muchas cosas de las que hablar, mucha anarquía en la cabeza, se cubrirán algunos temas y otros quedarán en el olvido. ¿Qué son cuatro meses? Cuatro meses son lo que se tarda en empezar un curso nuevo y encontrarte con los exámenes de febrero. Cuatro meses son estar pensando en los exámenes de junio y aparecer en el curso siguiente. Cuatro meses son los cuatro meses de buen tiempo, cuatro de malo y cuatro de ni para tí ni para mí. Cuatro meses son 9000 kilómetros. Cuatro meses son nuevas caras y viejas caras que no envejecen, que se renuevan y a las que se hacen querer todavía más, Son metro, autobús, tren y avión. Son playa y montaña, pequeños pueblos y grandes ciudades. Cuatro meses son tiempo, son vida. Miro atrás, cuatro meses atrás y me veo en este mismo ordenador procurando allanar el camino para soportar los nuevos cambios. Aquí estoy, cambiado seguro, pero no sé cuánto. No hay manera de medir la variabilidad del alma. Pero el núcleo de ella, lo incorruptible, lo llevaremos siempre con nosotros y es lo que jamás se debe traicionar, es lo que me hace no sentirme perdido ante la ignorancia y confusión de los nuevos eventos, es el mapa que llevamos con nosotros, como bien lo llama un muy buen amigo mío, el mapa del karma. '¿Dónde estoy en el mapa del karma?' Es la pregunta que me hacía repetir. Si te encuentras en tu mapa del karma, lo demás no importa, actuarás bien. Estar agusto contigo mismo es estar en armonía con el tiempo, y lo demás sale solo.
Armonía, esa es la palabra. Ese momento en el que abres los ojos, miras a tu alrededor y ves dónde estás, tu conciencia está tranquila, percibes cómo fluye el tiempo, deseas que dure para siempre pero sería contradictorio. Son esos instantes los que hay que perseguir, los que hay que luchar,
Esos ojos, esos labios, la chica. La que seguramente no vuelva a ver más. La juventud.