Wednesday, 6 June 2018

Seis de Junio

Un 6 del 6.

Hago memoria para recordar aquellos momentos en que, leyendo los titulares de la prensa, un cosquilleo te recorre el cuerpo, de pies a cabeza, actualizando cada célula del cuerpo, interiorizando esa información que parece imposible, que te devuelve la ilusión por un mundo mejor. La más reciente que recuerdo no es lejana, de marzo de este mismo año, cuando Corea del Norte cambiaba radicalmente de rumbo, acababa con la espiral de tensiones y se abría un camino hacia el entendimiento con su vecino Corea del Sur y con los Estados Unidos. Otro momento a nivel internacional de gran inspiración fueron las llamadas primaveras árabes en el 2011 y 2012, que desgraciadamente en lugar de desarrollar su potencial acabaron suponiendo una involución. A nivel local y por ende más personal, recuerdo sólo dos. El último fue en el mayo del 2014, estando yo en el Reino Unido de Erasmus. En el contexto de las elecciones al parlamento europeo, un grupo político recién formado conseguía un 8% del respaldo popular y sacaba 5 diputados. Modesto en número, hazaña en esencia. En adelante, conseguirían más apoyo popular, pero aquel sentimiento de un cambio es posible, de recuperar la esperanza en conseguir líderes con iniciativa, con un proyecto llamativo, solo consiguió desinflarse. ¿Pero, recuperarla, cuál es pues el referente? Mi referente y la primera vez que tuve la sensación de estar en un país con un gobierno de primera línea, fue en Marzo del 2004. Desgraciadamente después de los atentados. Obviamente, no habiendo aún llegado a los 13 años, poca idea tenía de buenas o malas decisiones, pero uno sí que tiene sensaciones, y la llegada de Zapatero al gobierno eran buenas. Aún recuerdo escuchar la noticia en la radio, yo sentado atrás en el coche de mi madre, donde Zapatero anunciaba la retirada de las tropas de Irak. Una primera medida a la que seguirían la legalidad del matrimonio entre homosexuales del 2005 o la ley para despenalizar el aborto en 2010. Porque son esas cosas, las que no tienen que ver con la economía, las que marcan el carácter de un país. Y desgraciadamente este país ha perdido la iniciativa en lo referente a cualquier campo en la última década. O había. Hasta hoy. Seguramente sea la falsa ilusión de un optimista, pero tras estos años de escándalos y de no conseguirse nada, de quemar todo tipo de esperanza, no puedo evitar sonreir y permitirme el lujo de soñar con el nombramiento de Pedro Duque como ministro de ciencia y Josep Borrel como ministro de exteriores. Lo dejo así escrito para que, pasado un tiempo, cuando los pronósticos sean errores o aciertos, cuando haya ido mal o haya ido bien, pueda leer estas líneas y recordar que hubo un tiempo donde potencialmente hubo una España mejor. Y si no funciona ahora, no sé cuando podrá hacerlo. En cualquier caso, a día de hoy, doy las gracias a Pedro Sánchez, del que no tenía ningún tipo de expectativa, por haber sacado a esa banda de delincuentes del PP y por perfilar un gobierno con el que pueda compartir la ilusión de un proyecto de país.