Wednesday, 28 April 2021

Recortes: Alpinismo

 Del libro de Edurne Pasabán:


Sobre ventanas de tiempo:

 - estas dos cordilleras están lo suficientemente alejadas entre sí como para que el clima sea muy distinto a lo largo del año en una y otra, y las ascensiones se tengan que hacer en estaciones diferentes. Mientras que los monzones permiten el acceso a las cumbres del Karakorum únicamente en los meses de verano, en el Himalaya dejan dos períodos para la ascensión: en primavera (de finales de marzo a mediados de junio) y al principio del otoño (un período algo más corto, que va de primeros de septiembre a mediados de octubre). Pese a todo, también se puede conquistar la cumbre de un ochomil en invierno, aunque se trata de una empresa muy difícil y arriesgada que pocos alpinistas han llevado a cabo.

  - esta distribución geográfica y estas «ventanas» que el monzón concede al alpinista representan que, si se quieren escalar cimas del Karakorum, es preciso viajar en verano y aterrizar en Islamabad, capital de Pakistán, mientras que para las expediciones al Himalaya, el punto de destino es Katmandú (incluso si se quiere escalar el Shisha Pangma, la única cumbre china), y el viaje se efectúa en primavera o en otoño.

  - Siempre hemos dicho que lo ideal es llegar a la cumbre como máximo a la una del mediodía, porque luego hay que volver a bajar.

 

Sobre rutas y montañas:

 - si tuviera que recomendar una primera ascensión a un ochomil optaría por el Cho Oyu, por ejemplo, ya que el Dhaulagiri es bastante más complicado y peligroso. Con el Cho Oyu, el «principiante» puede probar realmente lo que es el Himalaya, entrar en contacto con la altura y, al mismo tiempo, hacer una ascensión sin grandes complicaciones.

  - Dentro de la escala de dificultad de los catorce picos de más de 8.000 metros se suele considerar que los dos más fáciles son el Cho Oyu, en el Himalaya, y el G II, en el Karakorum.

  - Broad Peak. Se trata de una montaña de la que se suele decir que no es muy complicada, es más, está catalogada, por decirlo así, entre las «fáciles», junto al Cho Oyu y el G II.

  - Si el Everest se considera la montaña «comercial» por excelencia del período de primavera, es decir, la que atrae a un mayor número de escaladores, y en verano lo copan todo las montañas del Karakorum, las que congregan a más gente en otoño suelen ser el Cho Oyu y el Shisha Pangma, que se escalan, en ambos casos, desde el lado tibetano, es decir, chino.

  - El G II es una montaña muy agradecida, además de ser muy bella; es una pirámide casi perfecta.

  - Se llega al campo base del Nanga Parbat tras tres días por unos valles preciosos; creo que es uno de los trekkings de aproximación más bonitos de los que he hecho nunca.

Creo que si debiera recomendar a alguien un trekking en el Himalaya, el que da la vuelta al Manaslu es el que yo aconsejaría, porque es espectacular, precioso, son diez días de una ruta muy pura, sin explotar, sin hoteles ni lodges como en otras montañas. 

 - Tatopani, en el nacimiento del valle del Kali Gandaki. Hasta este punto coinciden las expediciones que van al Dhaulagiri con las que se dirigen al Annapurna. Hoy en día se puede llegar en jeep, pero en 1998 lo hicimos a pie, con nuestra inconcebible comitiva detrás. A partir de Tatopani, el trekking proseguía unos días hasta el emplazamiento del campo base del Dhaulagiri.

  - una semana larga de trekking por el bellísimo valle de Kali Gandaki, hasta el campo base del Dhaulagiri.

  - el Makalu, mi segundo ochomil. La cumbre es un pico que responde perfectamente a su nombre: con forma de pico.

  - El punto clave del Nanga Parbat desde un punto de vista técnico es el llamado muro Kingshoffer, una zona de rocas muy difícil de pasar, complicadísima, completamente vertical, una pared de rocas lisas a la que es muy difícil aferrarse.

  - la vía sur del Shisha Pangma obliga a aclimatarse en muy poca altura, ya que a partir de los 5.000 metros se entra directamente en un corredor que lleva hasta los 8.000 metros,

  - la expedición comienza en Katmandú, desde donde se va hasta Kodari en autobús, en la frontera con China. Ya en aquel punto se deja el autobús y se pasa andando la frontera, simbolizada por un puente, tras lo cual nos trasladamos en un jeep hasta Mialan, cerca del campo base.

Kangchenjunga. O, al menos, nadie debería haberlo hecho. Cuando en el año 1955 el maharajá de Sikkim dio permiso a los británicos George Band y Joe Brown para que pudieran ascender a esta montaña que su pueblo consideraba sagrada, los conminó a no pisar la cima. Es más, les dijo que sus cabezas no podían estar más altas que la cota máxima de la montaña.

- el Kangchenjunga, que con sus 8.586 metros es el tercer pico más alto del planeta. Para los alpinistas, seguramente forma, junto al K2 y el Annapurna, el trío de montañas más temidas, más incluso que el Everest, cuya mayor dificultad radica sobre todo en su altura, pero que no presenta las complicaciones técnicas del Kangchenjunga.

 - Gasherbrum I (también conocido como Hidden Peak, «el pico oculto», porque es el que se ve menos de todo el conjunto) y el Gasherbrum II, de 8.068 metros y 8.035 metros, respectivamente. Se trata de dos montañas que solemos conocer con el nombre de G I y G II y que forman parte del macizo llamado, justamente, de los Gasherbrum (que en el idioma baltí de la zona significa «montaña bonita», aunque a veces se suele traducir por «montaña de la luz»). Este macizo acoge, además de las dos montañas citadas, a cuatro montañas más (G III, G IV, G V y G VI), cuyas altitudes van desde casi 7.000 metros hasta casi 8.000 metros. Por otra parte, hay quien considera que el Broad Peak, de 8.047 metros y que se encuentra a poca distancia, también forma parte del conjunto.

 - uno de los tramos más complicados era el que nos llevaba desde el campo 2 hasta el campo 3. Ésta era la etapa que nos habría gustado hacer una vez aclimatados en el Shisha Pangma, pero ahora ya no había vuelta de hoja. Se trata, en resumidas cuentas, de pasar por debajo de un serac que puede caer en cualquier momento, porque está constantemente escupiendo hielo. Creo que puedo afirmar que es el paso más peligroso que he tenido que atravesar nunca en una montaña.

 - De los catorce ochomiles que hay en el mundo, nueve se hallan en la cordillera del Himalaya, mientras que los cinco restantes están en la cordillera del Karakorum,

  - Los cinco picos del Karakorum (los dos Gasherbrum, el Nanga Parbat, el Broad Peak y el K2) se encuentran en territorio pakistaní, en algunos casos haciendo frontera con la provincia de Sinkiang, en China, mientras que los nueve picos del Himalaya están en territorio nepalí (Dhaulagiri, Manaslu y Annapurna), en la frontera entre Nepal y la India (Kangchenjunga), a caballo entre Nepal y la provincia china del Tíbet (Everest, Lhotse, Makalu, Cho Oyu) o íntegramente en China (Shisha Pangma).

  

Del trekking del Karakorum:

 - Karakorum Highway (o KKH). Se trata de una carretera que comunica Islamabad con la ciudad de Kashgar, en la provincia china de Sinkiang, a través de 1.200 kilómetros de paisajes espeluznantes, y atravesando pasos de montaña a casi 5.000 metros de altura, resiguiendo una parte del valle de uno de los ríos más legendarios del planeta, el Indo.

  - El alpinista que quiera escalar uno de los ochomiles de Pakistán tiene que dirigirse a Chilas (en el caso de querer ascender al Nanga Parbat) o bien a Skardu (para los Gasherbrum, el K2 y el Broad Peak).

  - Skardu está emplazado en un lugar muy bonito, en el que hay bastantes alojamientos para los alpinistas.

  - Yo no tengo ninguna duda de que el Karakorum (palabra que en turco significa «pedregal negro») es la cordillera más espectacular de todo el mundo. Esta zona montañosa, mucho más inhóspita que el Himalaya, está recorrida por todo un sistema de gigantescos glaciares que a su vez reciben como afluentes a otros glaciares que bajan de todas aquellas montañas de 7.000 u 8.000 metros. Las propias montañas del Karakorum lucen unas formas perfectas, geométricas, son auténticas moles de roca y hielo que impresionan a simple vista, que casi dan miedo. A partir de Askole caminamos durante días hasta llegar al glaciar del Baltoro, que mide casi sesenta kilómetros y que, por ello, es uno de los más largos del mundo, si se exceptúan los de las zonas polares.

  - en Nepal se utilizan porteadores en la zona del Makalu y poco más, porque generalmente se recurre a la fuerza de los yaks. Pero en Pakistán sólo hay porteadores, que deberán recorrer los seis o siete días que separan Askole del campo base de los Gasherbrum. Y esto es realmente duro, porque se trata de un trekking de aproximación que, a partir del segundo día, se realiza exclusivamente sobre el glaciar.

  - llegamos a un lugar llamado Payu, que es el último paraje antes de penetrar en el glaciar del Baltoro en el que hay un poco de sombra y de árboles, como un oasis. Allí descansamos todo el día, gozando de vistas espectaculares hacia el G IV (quizá la más imponente de todas las montañas del macizo del Gasherbrum), e incluso se veía una punta de la gran mole piramidal del K2.

 

De la dificultad del K2:

 - Junto al Annapurna, tiene una aureola de montaña maldita, de ser la ascensión más difícil del planeta. ¿Por qué? Porque es muy alta, y aunque no lo sea tanto como el Everest, presenta, en el último día, desde los 8.000 metros hasta los 8.611 metros, una serie de dificultades técnicas muy complicadas, que obligan al alpinista, lo quiera o no, a tener que pasar muchísimas horas en aquella «zona de la muerte». Si esta serie de complicaciones técnicas se hallaran a 5.000 o a 6.000 metros, las podríamos solventar sin más dificultades, con una buena preparación, desde luego, pero sin más problemas. Pero el hecho de hallarse a más de 8.000 metros de altura representa en realidad una especie de trampa mortal, y esto se puede afirmar sin exagerar. Tiene mucha pendiente en todos los lados, de hecho, ninguna montaña entre los catorce ochomiles se eleva tanto en los últimos metros. La cumbre tiene una forma muy marcada de pirámide, por lo que el ataque final al que me refería, a tanta altitud, se tiene que hacer escalando por hielo y roca. En el Everest, una vez pasado el Escalón Hillary, se llega caminando a la cima.

  - Para subir al K2 hay varias vías, y ninguna de ellas es cómoda o sencilla. Desde la vertiente sur en la que nos encontrábamos, las más usuales son la conocida como el Espolón de los Abruzos y la ruta Cesen. La primera de ellas se denomina así porque la descubrieron los expedicionarios comandados por Luis Amadeo de Saboya, príncipe de los Abruzos, que en 1909 lanzaron una ofensiva para conquistar el K2 que acabó fracasando ante la enormidad del desafío.

 

Del valle del Khumbu:

 - Namche Bazar, que en cierto modo ejerce de capital del valle del Khumbu.

  - este campo base es común no sólo al Everest, sino también al Lhotse y al Nhutse,

  - es un paisaje completamente desierto, sin nieve, porque hay tanto viento que no acaba de cuajar nunca, por lo que predomina la roca, pelada y desnuda, con un sinfín de bombonas de oxígeno tiradas ahí, tiendas viejas, rotas. Es casi como de ciencia ficción, me pareció un lugar que infundía una gran tristeza, sin duda por aquella mezcla de desolación que ofrecía el paisaje y la presencia de tantos restos de presencia humana. Un lugar feo, muy feo, todo lo contrario a lo que uno suele imaginar como un paisaje idílico de montaña. Y esto no sucede a esta escala en ninguna otra montaña que yo haya visto, lo cual refleja hasta qué punto se ha masificado el Everest.[...] El Collado Sur se encuentra dentro de lo que denominamos la «zona de la muerte», es decir, la altura a la que el cuerpo humano se enfrenta a serias dificultades de reacción y de funcionamiento, tanto por la falta de oxígeno como por las bajísimas temperaturas y el fuerte viento.  Del campo 4 del Everest.

  

Consejos sobre alpinismo:

 - Normalmente todos los alpinistas son escaladores, puesto que para escalar montañas es preciso conocer todas las técnicas de este deporte, pero no todos los escaladores son alpinistas. Los hay que encuentran su aliciente en las dificultades técnicas de las paredes, y no los atrae la ascensión a altitudes superiores. La escalada en roca es la base para empezar en el alpinismo, porque ahí está toda la técnica: la utilización de cuerdas, arneses, de todo el material, en definitiva.

  - Cuando uno va a los Andes, aunque sea a montañas como el Chimborazo (que mide 6.300 metros), la logística es muy sencilla, ya que suele haber un refugio situado a casi 5.600 metros y al que prácticamente se llega en coche o en cuatro por cuatro. La aclimatación ya se ha hecho abajo, porque las ciudades desde las que se sale se encuentran a una altura considerable. Pero al escalar un ochomil se tiene que plantear la ascensión de otro modo.

  - En primer lugar, hay que montar un campo base que está situado generalmente a unos cuantos días a pie de cualquier otro lugar habitado, y a continuación se debe planificar una estrategia de campos superiores, los campos de altura, tal como los llamamos, porque la aclimatación es básica para realizar la escalada con éxito.

  - Se trata de un permiso cuyo precio es único, unos diez mil dólares, para un máximo de catorce personas.

  - No suele haber mucha opción para decidir el lugar en el que se sitúa un campo base. En general, ya hay un emplazamiento no diré que estipulado, pero sí lógico, que es por añadidura donde se instalan las demás expediciones. Cada montaña tiene sus emplazamientos, generalmente al final de un glaciar o en un collado que presente una superficie adecuada para plantar las tiendas, y los hay más cómodos que otros, dependiendo de la orografía.

  - bien la aclimatación es indispensable, también hay que evitar una permanencia demasiado prolongada a mucha altura, por ejemplo, a más de 7.000 metros, puesto que en este caso, más que aclimatarse, se produce un desgaste que puede ser fatal para el objetivo de conquistar la cima, o incluso para la propia vida.

  - para subir a un ochomil lo ideal es no dormir más allá de los 6.000 metros, aunque la montaña a veces te puede forzar a ello. En efecto, no es lo mismo subir un monte como el Everest o el K2, que miden más de 8.600 metros, que otro que apenas supere los 8.000 metros. En este último caso se puede dormir una noche a 7.300 metros, mientras que en una montaña más elevada el último ataque se produce ya casi a partir de 8.000 metros, lo cual significa que se pasan muchas horas a esta altura.

  - el agua se «fabrica» in situ. El procedimiento consiste en echar un poco de agua de la cantimplora en una cazuela (pues, de otro modo, si se pone nieve directamente en la cazuela, el agua sabrá a quemado) e ir derritiendo la nieve poco a poco. El agua obtenida se tendrá que mezclar con complejos de sales, puesto que la nieve no contiene ninguna sustancia mineral de las que el cuerpo necesita para que se produzca una buena hidratación, tan necesaria en alta montaña.

 

Del mal de altura:

 - Una de las consecuencias más graves del mal de altura, y en concreto de la menor disponibilidad de oxígeno en altitudes elevadas, es el edema, que puede ser cerebral o pulmonar.

  - inyectara dexametasona, un derivado de la cortisona que se suele emplear como antiinflamatorio, pero que también sirve para prevenir y tratar el mal de altura en general,

  - Para curar las congelaciones en las extremidades, durante unos cuarenta y cinco días se hacen baños de agua caliente de los pies o las manos con Betadyne para intentar que reaccionen los dedos.


 Otras cosas:

 - Para obtener el certificado de defunción, lógicamente no se puede hacer subir a un médico forense hasta 7.000 metros de altitud, con lo que suele bastar con que testimonien personas que hayan presenciado el hecho.

  - Me gusta especialmente una frase de Sebastián hablando de su montaña maldita: «Si el alpinismo fuera una ciencia, a nadie se le ocurriría escalar el K2.»

  - Luis Amadeo era un aventurero y escalador con experiencia, que había ascendido a los picos más complicados de los Alpes y también había realizado expediciones a Alaska, África, el Polo Norte...

  - yo me voy a dar de comer a las ovejas, porque ellas no tienen ninguna culpa de nada y deben seguir viviendo.


De Iñaki Ochoa:

- Hacia el 20 de mayo de ese año nos llegaba la noticia de la complicada situación en la que se encontraba nuestro querido Iñaki Ochoa de Olza en el Annapurna. Este montañista navarro era uno de los más reputados y queridos en el mundo del alpinismo. Había conseguido una quincena de cumbres de más de 8.000 metros, y hacía años que se había convertido en uno de los defensores de un alpinismo limpio, sin bombonas de oxígeno y con expediciones ligeras.

-Era una persona de una pieza, con una energía increíble y unas convicciones muy sólidas, mentalmente muy fuerte. Era muy austero, con poco podía vivir muy feliz, y un gran amigo de sus amigos. La figura de Iñaki es conocida incluso fuera del ámbito del montañismo, porque hace un tiempo Pep Guardiola, el entrenador del F.C. Barcelona, pasó a sus jugadores un vídeo con el rescate que se montó para salvarle la vida, a fin de motivarlos cara a un partido. Este vídeo, filmado para el programa de Michael Robinson, ejemplifica toda una serie de comportamientos de solidaridad y sacrificio que son los que Pep quiso transmitir a sus futbolistas. Estoy segura de que a Iñaki le habría encantado esta iniciativa.


Monday, 4 January 2021

Recortes: El director

Estupendo libro que pone de manifiesto la mecánica del poder para defenderse asímisma donde finalmente ha conseguido avasallar a la prensa.


Degradación del periodismo en España:

El poder había dejado de temer a la prensa y ahora era la prensa la que temía al poder.

La forma en la que rapidez y cantidad se estaban imponiendo al rigor en el periodismo habían hecho que se perdieran reglas de primero de facultad, como la comprobación de una información por varias fuentes o la obligación de recabar la versión de los afectados.

Los estudios de mercado eran deprimentes, porque demostraban que a muchos lectores de prensa no les importaba la calidad de la información o su rigor, sino que el diario reforzara sus creencias y posiciones.

Parte de la cadena de mediocridad nacional que empezaba en la escuela, donde el pensamiento crítico era visto con recelo y la popularidad se ganaba a empujones en el patio; continuaba en la oficina, donde las promociones se reservaban a los sumisos y el exceso de iniciativa se veía como una amenaza; seguía en las redacciones de los medios, donde una casta privilegiada se había hecho fuerte a costa de pisar el entusiasmo de periodistas con más talento; gangrenaba las instituciones, donde miles de cargos eran repartidos por militancia, sin tener en cuenta el mérito; y seguía hasta el último peldaño de la escalera, donde un presidente acosado por la corrupción podía aspirar a la reelección, confiado en que unos cuantos millones de españoles le votarían con la lealtad ciega de los seguidores de un equipo de fútbol.

«El triunfo de los mediocres», que llevaba años circulando por internet atribuido al humorista gráfico Forges.

Resumen del problema crónico de la prensa española: Partidos políticos que debían defender el Estado de Derecho se aprovechaban de él, los medios escogíamos el bando equivocado. Durante décadas ofrecimos a la monarquía inmunidad informativa y adulación, enviando a sus miembros de moral más endeble la señal de que nunca serían censurados. Vivimos en connivencia con bancos y tiburones inmobiliarios, sin denunciar sus excesos porque su publicidad engordaba nuestras cuentas de resultados. Nos sometimos a Los Acuerdos, sin oponer ninguna resistencia o promocionándolos. Y alineamos nuestros intereses con los de los partidos políticos y gobiernos, a cambio de dinero institucional, licencias de televisión o favores. La prensa, atrincherada en ideologías irrenunciables y fiel a una verdad que encajara en ellas, había malgastado sus mejores días en batallas mediáticas y luchas de egos, mientras guardaba silencio sobre sus propias deshonras.

Lo que en países con larga tradición de libertad de prensa resultaba inaceptable pasaba por normal en el nuestro. A nadie le extrañaba que la imagen del rigor en los telediarios, Matías Prats, fuera desde hacía años el rostro publicitario de la aseguradora de un gran banco. Que el líder de la radio, Carlos Herrera, se fuera de excursión a la Eurocopa de Polonia, junto con algunos de los informadores más conocidos del país, en un avión fletado por la multinacional Iberdrola.

Las agencias de noticias, tradicionalmente más escrupulosas, oficializaron el periodismo de pago con la creación del Servicio Bajo Demanda: por un módico precio, empresarios, corporaciones o instituciones garantizaban la cobertura periodística de sus eventos.

La muralla que debía separar la propaganda de la información, la nota de prensa de la noticia y la publicidad del periodismo se había desmoronado. Comprarse un periodista no era posible en España, pero como dice el dicho afgano sobre la corrupción: del alquiler se podía hablar.

Ejemplos de la decadencia de la prensa española: Alfonso Rojo, que cuando me marché de corresponsal era el reportero estrella del país y adjunto al director —el único al que se aumentaba el cuerpo de la firma en sus crónicas—, hacía ahora periodismo de confidenciales y actuaba como uno de los grandes provocadores de las tertulias, donde era llamado como parte de la cuota del Gobierno. Nunca defraudaba: había sido expulsado de un plató de la Sexta tras decirle a la futura alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, que estaba «muy gordita para el hambre que se pasa» en el país. Eduardo Inda, con el que había cubierto mi primera noticia en la sección de local veinte años antes, y que durante algún tiempo hizo tándem de investigación con Woodward, terminaría creando un diario sensacionalista y organizando trifulcas con «podemitas» en radios y televisiones. Tomás Roncero, uno de nuestros célebres cronistas de la sección de Deportes, protagonizaba ahora programas televisivos a los que acudía disfrazado de hooligan, lloraba en directo ante las victorias del Real Madrid y disparaba las audiencias teatralizando sus intervenciones hasta convertirlas en escenas de telenovela.[...] Quizá fuera el lado más triste de la decadencia del oficio: la manera en la que había llevado a buenos periodistas a olvidarse de lo que habían sido. [...] De los periodistas se esperaba ahora que entretuvieran, no que informaran. [...] Paco Marhuenda, erigido en la gran estrella de lo que los mexicanos llaman la comentocracia. El expolítico del Partido Popular dirigía La Razón y había firmado algunas de las portadas legendarias del Nuevo Periodismo español. Una de ellas revelaba una encuesta que daba como ganador en unas hipotéticas elecciones generales al exministro franquista Manuel Fraga, que llevaba cinco años muerto. [...] en las redacciones había empezado a escucharse la frase que había llevado a la indigencia intelectual a la televisión generalista: «Damos al público lo que quiere».

Resumen de lo anterior: El periodismo espectáculo y de trabuco, los sobresueldos, los periodistas anuncio, las prebendas institucionalizadas o la rendición frente al poder de la prensa tradicional, atrapada entre Los Acuerdos y la búsqueda de audiencias menos exigentes, habían llevado al oficio a su momento más bajo en democracia.

La principal organización del gremio, la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), organizó poco después (del despido de Javier Jiménez) un ciclo de conferencias con el patrocinio de la banca y el lema Volver al periodismo, clave del futuro de la profesión. Entre los invitados a aportar su visión estaban El Cardenal (el presidente del Mundo en España y artífice del despido de Javier Jiménez) y Carmen Martínez Castro: el directivo que había trabajado incansablemente por limitar la libertad en sus medios y la secretaria de Estado de comunicación que despedía a tertulianos críticos y enviaba mensajes incendiarios a los directores.


Los tres grandes grupos periodísticos de España y su degradación:

Los tres grandes grupos de prensa del país, PRISA, Unidad Editorial y Vocento, se encontraban en serios apuros económicos y habían pasado a depender, más que nunca, de la publicidad institucional que el Gobierno distribuía a capricho, la concesión de licencias de radio y televisión digital, cuya última partida iba a entregarse en vísperas de las elecciones, y los pactos con las grandes empresas del país. El establishment se sentía más vulnerable de lo que había estado en décadas y había encontrado en los ejecutivos de los medios a los aliados necesarios para sumarse a la causa de su protección.

los Tres Tenores: Juan Luis Cebrián (El País), Pedro Jota Ramírez (Diario 16 y El Mundo) y Luis María Anson (ABC y La Razón), todos ellos buenos periodistas que terminarían malográndose en los pasillos del poder.

Jota era el más periodista e imprudente de los tres, Cebrián el más calculador e interesado y Anson el más tendencioso y aristócrata. El fundador de La Razón y exdirector del ABC había tenido en el segundo de esos diarios el despacho más grande que haya acogido nunca a un director. Incluía una salida privada que le permitía entrar y salir sin ser visto y un semáforo en la entrada para indicar su disponibilidad. Si estaba en rojo no recibía llamadas ni visitas, en ámbar solo llamadas y en verde ambas.


Los Acuerdos (blanqueos de imagen de las grandes empresas a cambio de financiación:

Jota había ordenado que todas las referencias a El Corte Inglés, uno de los mayores anunciantes de la prensa del país, que había mantenido su inversión incluso en los peores años de crisis, fueran eliminadas del artículo. [...] en las redacciones se había interiorizado que empresas como Telefónica, el Banco Santander o el Corte Inglés eran intocables. Los Dircom del IBEX habían adquirido un gran poder sobre los medios, distribuyendo sus presupuestos en función de la influencia que atribuían a cada uno y castigando a los díscolos.

Mediaset, una gran lacra del periodismo: Paolo Vasile, el consejero delegado de Mediaset, que incluía los canales de televisión Telecinco y Cuatro, había dado instrucciones de que en los informativos no aparecieran noticias positivas de empresas que no pusieran publicidad, según me contaron varios de sus periodistas. Vasile, que tenía buen ojo para atraer audiencias, no estaba interesado en la información porque le daba muchos quebraderos de cabeza y poco dinero en comparación con los realities y los programas del corazón. Tenía la ventaja de que tampoco fingía lo contrario: no le tembló el pulso al cargarse CNN+ tras comprársela a PRISA y sustituir la programación por 24 horas diarias de Gran Hermano.

Consejo Empresarial de Competitividad (tapadera del poder en la sombra de los grandes empresarios del IBEX): El más poderoso entre los presidentes del IBEX era César Alierta. Había construido un formidable entramado de poder e influencia utilizando Telefónica, una de las grandes empresas del país, como su cortijo personal. Se podía caminar por los pasillos de las plantas nobles de su sede y ver en las puertas de los despachos los carteles con los nombres de sus colocados: exministros tanto del PP como del PSOE (Trinidad Jiménez o Eduardo Zaplana), familiares de dirigentes políticos (Iván Rosa Vallejo, marido de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría), cercanos a la realeza como el ex jefe de la Casa Real Fernando Almansa e incluso la realeza directamente. El cuñado del Rey, Iñaki Urdangarin, fue enviado por Alierta a Washington con un generoso sueldo en cuanto empezó a tener problemas con la justicia.[...] Alierta había organizado, además, una asociación de grandes empresarios que, bajo el inofensivo nombre de Consejo Empresarial de la Competitividad, había sido concebida en 2011 como un poder fáctico en la sombra. Entre sus impulsores estaban, aparte del presidente de Telefónica, el entonces presidente del Banco Santander, Emilio Botín; el hombre fuerte de La Caixa, Isidro Fainé; el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, o el del BBVA, Francisco González.


Caída libre de El País con Cebrían durante el gobierno del PP: 

que Juan Luis Cebrián, el presidente de PRISA, sumara El País a la lista de vencidos. La muerte del fundador del grupo, Jesús de Polanco, había dejado la empresa en manos de Cebrián en 2007, en vísperas de la Gran Recesión. La cosa prometía porque el nuevo jefe era periodista, había sido el primer director del diario y lo había convertido en medio de referencia del mundo hispanohablante. Sin duda cuando se viera en la encrucijada de tener que escoger entre poder y verdad, dinero y periodismo, sus intereses o los del periódico, optaría por lo segundo. Eligió lo primero. Cebrián presidió durante la siguiente década un hundimiento sin precedentes de una gran empresa de comunicación europea. PRISA sufrió una caída del 99 % de su valor en bolsa y la generación de una deuda impagable le llevó a poner la empresa en manos de multinacionales como Telefónica, grandes bancos como Santander o HSBC y fondos de inversión extranjeros de Qatar y Estados Unidos. La operación para salvar la compañía fue apadrinada por la vicepresidenta Santamaría, hizo a Cebrián inmensamente rico — en un año con pérdidas de 450 millones de euros se embolsó 12 millones— e incluyó en su letra pequeña la increíble transformación del principal diario progresista del país en un medio afín a un Gobierno conservador, donde Santamaría pasó a ser La Intocable.


Papeles de Panamá:

Los Papeles de Panamá, la investigación liderada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) que obtendría un premio Pulitzer, revelaban lo que todos sospechábamos: la elite económica del mundo, desde deportistas a cantantes, y desde políticos a magnates, tenía a su disposición un sistema alternativo para ocultar y proteger su dinero a través de paraísos fiscales y empresas tapadera. La historia había nacido de una gigantesca filtración de 11,5 millones de documentos secretos extraídos del despacho panameño Mossack Fonseca y entregada al diario alemán Süddeutsche Zeitung. Lo que siguió fue un trabajo de investigación que, coordinado por el ICIJ, puso a trabajar durante un año y en secreto a un centenar de medios de 80 países
diferentes.


Consorcios:
Los consorcios se habían convertido en una manera de llevar a cabo grandes investigaciones internacionales en un momento en el que las redacciones habían reducido sus plantillas y carecían de medios.

Papeles de Bárcenas:

Las informaciones sobre la trama, recogidas en Los Papeles de Bárcenas, habrían costado el puesto al presidente en cualquier otro lugar. En España habían acelerado la caída de los directores que las habían publicado: Javier Moreno en El País, en la que sería la última investigación importante que el periódico publicaría bajo el mando de Cebrián, y Pedro Jota en El Mundo.

Confirma que los cuatro presidentes del PP, incluido el presidente Rajoy, conocían la existencia de una caja B en el partido. El dinero procedía de mordidas pagadas por empresarios: financiaba sus campañas y los sobresueldos a los líderes.

Bárcenas era un hombre culto y viajado que había recorrido Asia, una coincidencia que nos hizo conectar enseguida. Convenía verle sin su mujer, que controlaba la cantidad de vino que bebía y la temeridad de sus revelaciones. La precisión con la que empezó a desvelar cifras, números y localizaciones, sin necesidad de mirar una nota, la forma en la que ingresos y partidas cuadraban, el detalle en el manejo de los datos, hacían inverosímil que pudiera estar mintiendo. Los empresarios del país compraron durante décadas la voluntad y los favores de los políticos del Partido Popular a cambio de licencias, concesiones y concursos públicos. El dinero obtenido se utilizaba para pagar extras a los dirigentes de la formación, financiar campañas o ganarse el favor de periodistas. El extesorero me contó cómo entregaron «30 millones de pesetas en un maletín» al más célebre locutor de la radio española en vísperas de las elecciones del 96 a cambio de una cobertura amable durante la campaña.

El reparto posterior de sobresueldos había sido ingeniado para que nadie de la cúpula se quedara sin su parte, la mejor garantía de que todos guardarían el secreto. —¿Nadie dijo no a los sobres? —pregunté a Bárcenas. —Mira —me dijo cuando el vino había desinhibido sus últimas reservas sobre mí—. En mi vida solo he conocido un político completamente honesto y ese fue Manuel Fraga. Todos cobraban su parte. —¿El presidente Rajoy? — Álvaro Lapuerta [ex tesorero nacional del partido] tenía un amigo que viajaba a Cuba y siempre le traía dos cajas de puros.


Comisario Villarejo:

Como tantos otros periodistas, tenía entre sus principales gargantas profundas a Las Cloacas del Estado y la policía patriótica, el cuerpo paralelo creado por el ministro del Interior para destruir adversarios y avanzar la genda del Gobierno. Uno de los grandes filtradores dentro del hampa policial era el comisario José Manuel Villarejo. La primera vez que escuché su nombre fue al poco de llegar a la dirección. Dos de nuestros reporteros me contaron que había sido, desde hacía al menos dos décadas, una de las principales fuentes de El Mundo y facilitador de la mayor parte de nuestras exclusivas.

Entre los clientes que en algún momento habían contratado los servicios del comisario estaban los tres principales bancos del país, Santander, Caixabank y BBVA, las grandes empresas energéticas, Repsol e Iberdrola, herederos de grandes fortunas como Susana García Cereceda, que había encargado el espionaje de su hermana Yolanda en su batalla por el patrimonio del clan de La Finca, o el empresario sevillano Juan Muñoz, marido de la estrella televisiva Ana Rosa Quintana.


El rey Felipe VI:

Nada iba a poner más a prueba la determinación reformista de Felipe VI que la imputación de su hermana Cristina por delito fiscal y de su cuñado Urdangarin por corrupción en el caso Nóos. El Rey trató de convencerla, sin éxito, de que renunciara a sus derechos sucesorios y su negativa le forzó a escoger entre familia y Corona. Había sido educado para elegir siempre lo segundo, así que rompió con su hermana, la persona de la familia que más quería junto a su madre, y revocó su título de duquesa de Palma.

Bután, un país que los dos conocíamos y que yo había visitado por primera vez a finales de los años 90 para cubrir el 25 aniversario de la ascensión de Jigme Singye Wangchuck. El monarca del pequeño reino del Himalaya celebraba la ocasión abriendo el país al mundo, permitiendo la llegada de internet y levantando la prohibición que impedía a sus súbditos ver la televisión. Cuando regresé, siete años después, aquella apertura había transformado su sociedad: series como Los Vigilantes de la Playa, con sus modelos en bikini y sus romances instantáneos, habían acabado con la preferencia de los butaneses por las mujeres gruesas, los jóvenes habían aprendido que la marihuana se podía fumar —hasta entonces se utilizaba para abrir el apetito de los cerdos—, y la capital, que en mi primer viaje no tenía un solo semáforo, sufría sus primeros atascos. Se habían abierto varios tugurios donde los adolescentes bailaban rap con gorras puestas del revés y las chicas cambiaban el traje tradicional por minifaldas que llevaban ocultas en sus bolsos. Pero el verdadero cambio, que hacía que los butaneses se me echaran a llorar cada vez que les preguntaba por él, era la decisión del Rey de terminar con la monarquía absoluta, dar paso a una democracia y abdicar en su hijo con el argumento más republicano que jamás haya esgrimido un monarca: «Si el pueblo fuera afortunado, en el futuro podría tener en el trono a una persona dedicada y capaz. Por otra parte, el heredero podría ser una persona de habilidades mediocres e incluso un incapaz».

Felipe VI no parecía ser ninguna de esas cosas y por amigos que lo habían conocido tenía la impresión de que era un buen tipo, sin duda mucho más preparado que cualquiera de los políticos con los que había tratado hasta entonces. Hablaba idiomas, estaba viajado, podía pilotar un caza o conversar sobre literatura, debatir sobre geopolítica y cuadrar un presupuesto.

Al hablar del gesto del Wangchuck de Bután, y su renuncia voluntaria al trono, me dijo que también él podía imaginar una vida lejos de palacios, besamanos interminables y actos oficiales: —Esto es una democracia y, si algún día una mayoría no me quiere, no tendré problema ninguno en marcharme y dedicarme a otra cosa. Y por la forma en la que lo dijo, no solo me pareció que lo pensaba de veras, sino que probablemente lo había deseado en alguno de sus días grises. Tenía la impresión de que, a pesar de los privilegios y las atenciones, aquel palacio distaba de ser el lugar más feliz del mundo para el Rey y mucho menos para doña Letizia, que no había crecido en ese ambiente encorsetado y tenía dificultades para adaptarse al sopor de la función pública.


Historia del periodismo:

El primer periódico de la historia fue creado por Johann Carolus, hijo de un sacerdote de Estrasburgo, en 1605. Carolus llamó a su invento Relation aller Fürnemmen und gedenckwürdigen Historien: Colección de todas las noticias distinguidas y conmemorables. Tenía una única columna y se imprimía semanalmente. La idea se extendió por Europa, donde los primeros folletos buscaban captar la atención de los lectores con noticias de «crímenes, violaciones, incestos, monstruos, catástrofes naturales, fenómenos celestes, fantasmas y diabluras de todo tipo», según el historiador Maurice Lever. Ni el gusto de los lectores ni la disposición de los editores a satisfacerlos habían cambiado mucho. El éxito de aquellas gacetas hizo que aumentaran las publicaciones, las tiradas y el número de páginas por ejemplar. Los periódicos empezaron a competir por contar las noticias antes y mejor que la competencia. En 1854 el director de The Times, John Delan, creó la figura del corresponsal enviando a uno de sus reporteros a la Guerra de Crimea, desde donde William Russell dio a los británicos la mala noticia de que su imperio no era invencible. «A las 11:35 no quedaba un solo soldado británico, excepto los muertos y los moribundos, ante los sangrientos cañones moscovitas», escribió. Las primeras fotografías fueron añadidas a los diarios a finales del siglo xix y poco después la publicidad empezó a costear los gastos de las redacciones, que dejaron de depender solo de la venta al número. Mejoraron las cuentas de resultados, se incorporaron nuevas secciones, se compitió por atraer a los mejores reporteros y columnistas, se invirtió en investigación y se ganó influencia: con el tiempo incluso tumbarían presidentes como Richard Nixon. Los ordenadores reemplazaron a las máquinas de escribir. El color, al blanco y negro. Y el envío electrónico de las crónicas a los despachos al dictado que malgastaban el tiempo de Las Secres. Pero el periódico, en esencia, seguía fabricándose como la Colección de todas las noticias distinguidas y conmemorables de Johann Carolus. Recabar información, imprimirla en papel y distribuirla físicamente a los lectores fue durante siglos un negocio estable, ajeno a las transformaciones sociales o las innovaciones que obligaban a otros sectores a renovarse. La profesión vivía al abrigo de sus confortables tradiciones y sus periodistas no tenían la necesidad de actualizarse o aprender nuevas habilidades. Y, entonces, todo cambió.


Otros:

Una crónica no debe tener opinión,

Nunca había entendido que el cambio climático, la pobreza, la inmigración o la desigualdad fueran desechadas como preocupaciones de izquierdas. O que la defensa de la Constitución, ahora amenazada por el desafío del independentismo catalán, la promoción del emprendimiento o la exigencia de una educación de calidad fueran de derechas.

Línea editorial: la empresa podía decidir la línea editorial del diario a través de su Consejo Editorial, pero mientras yo fuera el director las noticias serían valoradas por estrictos criterios periodísticos. La separación radical de la opinión y la información era un concepto que chirriaba en la prensa nacional, que las mezclaba sin rubor.

Cláusula de conciencia: el primer director de un gran periódico que se acogía a la cláusula de conciencia de la Constitución que protege a los periodistas frente a los intentos de doblegar sus principios deontológicos.

Corazón Aquino: Fue Presidenta de Filipinas

paso de Kryber entre talibanes

Bezos, que había aportado financiación al Post sin entrometerse en su periodismo o llamar una sola vez al director para dar indicaciones, porque según decía sería como entrar en un avión, meterse en la cabina y decirle al piloto: «Muévete a un lado, déjame a mí».

el deseo natural de la condición humana de agradar al poder.