Thursday, 21 September 2017

Sobre el independentismo en Cataluña

Empecé a escribir (de hecho continúo con el draft, que después de terminar este post finalmente borraré) sobre el problema del independentismo en Cataluña. Empecé a escribirlo el quince de enero de este mismo año, a raíz de que en aquel vuelo en particular, Munich-Pekín, de regreso a China, nueve horas donde como ya es habitual padezco total insomnio (Morfeo y yo no cogemos los mismos vuelos), no hacía más que rondarme la cabeza una tremenda indignación con el rifirrafe imprescindible de cada telediario. Una vez puse pie en tierra extranjera, las ganas de desahogarme bajaron al punto de que ya no había necesidad de desahogo ninguno y así fue que abandoné el post en el encabezado, que era básicamente reescribir sobre el Brexit pero con otro nombre. Ocho meses después, tengo un vuelo más tranquilo, Frankfurt-Pekín, con la cabeza ocupada en otras cosas, y sin embargo es aquí, en Pekín, donde se reaparecen los fantasmas. Día tras día Cataluña es noticia en la BBC. ¿Cómo hemos llegado a ésto? Me pregunto. Y ésto ya no es como antes, ahora el tiempo no tiene un carácter disolutivo sino todo lo contrario, una cuenta contrarreloj donde los trenes avanzan de frente. Y de las posibles colisiones, ninguna es satisfactoria para la gente sensata. Pero en este mundo que vivimos ahora, donde primero se opina y luego se reflexiona, sumarse al vagón es una pasada y a muerte con ello. Y así, colisión tras colisión.
Fuera de metáforas, a mí me parece un error. La independencia. Y el gobierno de Rajoy me parece lamentable, lo dejo claro porque en este mundo de blancos y negros, España, paella. Porque así se funciona, las complejidades asustan y las simplezas reconfortan. No hay lugar para los matices. Pero centrándome en la independencia, lo que se plantea ahora mismo como un problema político, no deja de ser un problema filosófico. Ese derecho a la autodeterminación que suena tan bien, qué es eso y hasta qué punto es aplicable. Quiero decir, por recurrente aplicación de este principio y resaltando más las diferencias que las similitudes, imagino que todo acabaría con una península de cincuenta millones de países. Cada cual rey en su trono, porque no los hay dos iguales. Obviamente, ésto no se contempla ni se contemplará, pero sirve como referencia para ver que a falta de sentido común, poner el límite puede ser complicado. Soy conocedor de las diferencias culturales y por supuesto lingüísticas que se dan en varias regiones de España, pero no es condición suficiente, si acaso necesaria, para una ruptura. Desde luego sí es condición necesaria para un movimiento nacionalista, que en ésto el mundo y en particular Europa, no son nuevos y a la luz de los acontecimientos seguimos sin aprender la lección. Lo que quiero decir es que, en este país donde no hay ningún tipo de discriminación hacia los ciudadanos catalanes, considero que no sólo es más pragmático sino a la larga más fortificante, que sumemos juntos a que cada uno, en una lucha estéril por reivindicar una identidad que no se niega, vaya por su lado.
La mala suerte del momento además es que, el gobierno contra el que se levanta el nacionalismo catalán, es un gobierno incapaz, tan desastroso que les hace parecer un movimiento de liberación. Y casi así se les retrata en diversos medios. Pero no hay que equivocarse, que Cataluña no son los Rohingya, ni España, todavía y afortunadamente, es Myanmar. Que en Cataluña no hay más opresión de la que llega a cualquier otro ciudadano a través, por ejemplo del iva cultural o de la corrupción que rige impune. Que España no es sólo su administración. Que independizarse no es librarse de una invasión, sino dar la espalda a aquellos españoles que cantaron en catalán como reacción al franquismo o los que ahora asistimos impotentes a como el gobierno nos avergüenza constantemente. Los movimientos nacionalistas, han sido siempre de naturaleza egoísta, de ahondar en la diferencia y discriminar positiva o negativamente según la etiqueta. Los hechos recientes asustan, un año tras el Brexit debería haber una conciencia más elaborada de lo delicada que es la situación. La Unión Europea con menos de un siglo de antigüedad, si uno no es capaz de entenderla debería al menos recordar lo que fue Europa sin ella: más de dos milenios continuados de guerras. Europa por primera vez estaba limando fronteras, existía un tránsito libre por toda ella como compatriotas y no como enemigos y sin embargo, nuestras generaciones que no conocieron aquellos horrores, olvidamos rápidamente lo volátil que es todo y, con mentalidad ingenua e inmadura, se resucitan aquellos monstruos. Vivimos en un tiempo de integrar y pensar a largo plazo. El mundo ya no sólo es Europa y estas estúpidas divisiones, estas pérdidas de tiempo que no aportan nada porque son ilusiones de una épica elaborada, acabarán saliendo caro.
Sigamos conduciendo esta sociedad corta de miras y profundamente egoísta al suicidio, a base de decisiones coléricas y de cambiar leyes a golpe del fervor del momento para dar por culo a Sócrates. Y así arruinemos toda estabilidad y convivencia que tan difícil es de conseguir y tan fácil es de desbaratar.

Thursday, 7 September 2017

Memorias de Ucrania – mi semana en Lviv.

A dos horas de embarcar en el avión y a una de que se fulmine la batería, no está en muy buen estado, manos al teclado y dejo mi impronta aprovechando este hueco antes de que demás ocupaciones acaben relegando mis intenciones a una esquina como ya me pasó el año pasado en mi viaje a Polonia, donde finalmente no dediqué unos minutos u horas a transcribir las memorias. Justamente hace un año, y desde este mismo aeropuerto en el que me encuentro, Warsaw Modlin donde por cierto la única operadora es Ryanair y me hace preguntarme hasta qué punto estará extorsionando la gestoría de este aeropuerto, quizá sea una simbiosis, habría que verlo, en fin no es la cuestión que toca. Como decía, aquí estoy, mismas coordenadas que hace un año aunque con un viaje a las espaldas bastante diferente. Lo que entonces fue una cómoda conexión en autobús de 45 minutos – 1 hora entre el centro de Varsovia y el aeropuerto, hoy han sido 12 horas y media de autobús, casi una de tren y los últimos quince minutos de regalo de lanzadera. A día de hoy, para visitar Lviv la opción más barata no es otra que volar a Polonia, aunque gracias a la misma Ryanair que monopoliza Modlin a partir de septiembre  ya habrá vuelos lowcost que conecten ciertas capitales europeas con esta joya desconocida. Viajo aquí con Natalie, en una intercambio cultural, primero una semana de Europa suroccidental para complementar con otra en Europa oriental, mi tierra y su tierra. Bueno digamos que ha sido un trade-off, su tierra exactamente no es, ella es de la parte de Ucrania más pegada a Rusia, mientras que Lviv, se encuentra en la parte más occidental, cerquita de Eslovaquia y Polonia. Vamos, que una distancia de unos 1200 km de punta a punta (Ucrania es el país más grande de Europa si contamos Rusia sólo hasta los Urales). Antes de reflejar un poco los lugares de interés, quiero introducir un poco más el país. Ucrania es un país complicado, no hay más que ver el telediario donde a día de hoy sigue habiendo conflicto a modo de guerra civil en la parte más oriental del país. Un tema bastante complejo que no es fácil de entender, donde intereses internacionales tipo lucha de influencias entre Rusia y las potencias occidentales, contrapuestas chocan frontalmente en este país, siendo literalmente, yendo de oeste a este un país que degrada un sentimiento proeuropeo a un sentimiento prorruso. Y los dos sentimientos no casan bien.  Tomando como referencia España por poner un ejemplo, España ha sido un país con una historia independiente bien definida, su soberanía sobre la península a partir del siglo XV se ha mantenido constante (con la excepción de Portugal en el reinado de Felipe II)  y nunca ha sido absorbida por potencias extranjeras, ni aún durante la ocupación francesa en el siglo XVIII. No es así con Ucrania, donde a lo largo de la historia y particularmente en la más reciente, ha sido reiteradamente absorbida y fragmentada por las potencias circundantes a saber, el imperio austrohúngaro, el imperio ruso y el reino de Polonia-Lituania. Es por eso difícil situar el origen de Ucrania como nación, por lo que para situarme en contexto he estado leyendo un poco sobre la historia del país y a continuación escribo un ligeramente extenso resumen con las transiciones de poder más significativas:
El origen de la nación podría establecerse en el siglo IX con el Rus de Kiev, que fue el primer reino formado en Europa Oriental cubriendo el territorio de Ucrania y la parte occidental de Rusia. Sin embargo, en el siglo XII cayó en decadencia y finalmente en el XIII fue completamente arrasado por la invasión mongola e integrado en la Horda de Oro. A mediados de este siglo del colapsado Rus de Kiev surgen tres principiados (dentro de la Horda de Oro): el ducado de Vladímir-Súzdal (Rusia), la república de Novgorod (Norte de Rusia) y el reino de Galicia-Volhyhia (Oeste de Ucrania y sí, Galicia como la nuestra, pero sin marisco). De este reino de Galicia-Volhyhia que es lo que nos interesa, el rey Danilo consigue expandirlo hasta la antigua capital del Rus, Kiev. Aun estando dominados exteriormente por los mongoles, este rey se esforzó por minimizar las influencias de estos sobre sus dominios. Un siglo más tarde, por uniones dinásticas, la región de Galicia fue absorbida por Polonia y la región de Volhyhia y el norte (incluyendo Kiev) por Lituania para después ser fusionada bajo el Gran Ducado de Lituania tras una unión dinástica entre Polonia y Lituania. Tras la formación de la mancomunidad Polaco-Lituana en 1569 (duró hasta 1795, casi doscientos años) el territorio pasó entonces a la corona Polaca. Mientras tanto, que aún no lo hemos mencionado, la región de Crimea (el kanato de Crimea de fuerte herencia cultural de la Horda de Oro) era vasallo del imperio Otomano. Los campesinos rutenos (Rutenia es como se conocía los territorios de la zona de Ucrania) oprimidos por la nobleza, empezaron a confraternizar con los cosacos, un pueblo nómada de raíces mongolas, quienes en el siglo XVII (1648) bajo el liderazgo de Bogdán Jmelnytsky establecieron una suerte de estado militar cosaco llamado Zaporozhia.  Sin embargo, seis años después con la firma del Tratado de Pereyáslav con el zar Alejo I de Rusia, el territorio vuelve a cambiar de manos pasando ahora al imperio ruso (poco duró la independencia). Durante los trece años siguientes, el territorio de Ucrania fue escenario de una guerra entre rusos, turcos, polacos y cosacos por el control de la zona acabando con el territorio dividido entre la mancomunidad Polaco-Lituana (Galicia, Volhyhia), Rusia (Kiev y la rivera este del río Dnieper) y el Imperio Otomano (La región de Podolia). Los territorios del Imperio Otomano serían cedidos a Polonia – Lituania tras el tratado de Karlowitz en 1699. Tras la desintegración de la mancomunidad Polaco-Lituana (1795) a manos de Austria, el Imperio Ruso y el Reino de Prusia, la parte más occidental de Ucrania (Galicia) pasó a manos austriacas mientras que el resto estaba bajo dominación del Imperio Ruso. Leo que es por esta época cuando el sentimiento nacional empieza a despertar a raíz de los movimientos nacionalistas que surgen en otras potencias de Europa, tomando raíz en este caso en la cultura del Rus de Kiev. Empiezan a surgir las ideas de reunificar el país y en potenciar el ucraniano como lengua. Rusia para evitar la fragmentación censura y prohíbe el uso de la lengua y tradiciones ucranianas. Durante la primera guerra mundial, la parte austriaca de Ucrania luchó al lado de las potencias centrales mientras que la parte rusa estaba en el lado de la triple entente provocando una suerte de guerra civil. Tras la guerra y con la Revolución Rusa de 1917, hubo varios intentos de conseguir la independencia de Ucrania pero había muchas facciones con interés en dominar la zona y no interesaba una Ucrania independiente así que finalmente, con el tratado de Versalles de 1919, la mayor parte de Ucrania fue integrada en la Unión Soviética (bajo el nombre de República Socialista Soviética de Ucrania) y el resto dividido entre Polonia, Checoslovaquia y Rumanía. Estos territorios serían recuperados tras la segunda guerra mundial, junto con el territorio de Crimea (hasta entonces nunca había sido parte de Ucrania). Con la disolución de la Unión Soviética, en 1991 Ucrania consiguió por fin su independencia.
A día de hoy, con el conflicto interno presente, tengo la sensación de que un sentimiento de identidad ucraniano tiende a decantarse por las influencias europeístas más que por las rusas, debido al rechazo que el país desarrolla ante lo que se puede considerar una amenaza rusa muy cercana. Ésto provoca un problema, pues como hemos comentado anteriormente, el dominio histórico del imperio ruso sobre el territorio ucraniano, ha dejado un fuerte legado cultural incluido el idioma donde muchos de los ucranianos están inmersos. Y claro, en épocas de conflictos, no hay lugar para los grises, o blanco o negro, amigo o enemigo, y lo que anteriormente era un territorio de complejo entretejido, mal gestionado puede acabar en choque frontal entre los nacionalistas más consolidados y las poblaciones exacerbadas en la parte de influencia rusa, que es lo que está sucediendo. Ejemplo de que las ideologías andan por caminos pedregosos es el controvertido personaje de Stepán Bandera. Este señor, líder del movimiento nacionalista e independentista ucraniano, quiso independizar Ucrania de la Unión Soviética aprovechando la invasión de los nazis a la vez que simpatizarse con los alemanes. Éstos, en sus ambiciosos planes, no planeaban una Ucrania independiente y encarcelaron a Bandera. Años más tarde, tras la derrota de Alemania, Stepán Bandera con ayuda primero de la inteligencia británica y más tarde por su cuenta, se dedicó a la lucha clandestina contra la Unión Soviética hasta que finalmente en 1959 sería asesinado por un agente soviético de la KGB. Este trágico final sumado a su lucha por una Ucrania independiente, lo convirtieron en mártir y símbolo indiscutible del nacionalismo ucraniano. La controversia reside en que el movimiento que él lideraba, como él mismo, partían de un ideario particularmente fascista donde se llevaron a cabo limpiezas étnicas, especialmente famosa es la de Volhynia en 1943 contra los polacos donde fueron asesinadas alrededor de cincuenta mil personas. Por las calles de Lviv pude ver  banderas rojas y negras del llamado Ejército Insurgente Ucraniano, que se enfrentó a los alemanes, al ejército rojo y a los polacos, pero que por otra parte  fue protagonista de las limpiezas étnicas. Insisto en recordar que es un país en guerra, que una parte quiere fragmentarse y en situaciones así entiendo que se encuentren bajo la necesidad de exaltar los sentimientos más patrióticos y a falta de héroes mejores, recurran a los símbolos que tienen.
Por otro lado, me llamó la atención la cantidad de banderas colgadas que vi de la Unión Europea cuando en muchos de los países miembros no se ven ni la mitad. Menos me sorprendió ciertos comentarios que leí en la red (que no pude contrastar personalmente y que Natalie no me confirmó) de que en Lviv hablar ruso puede resultar ofensivo y que es preferible hablar inglés. No deja de ser curioso porque inglés no habla prácticamente ni Cristo y el ruso es un idioma muy extendido en Ucrania, es la segunda lengua más hablada y es común que los ucranianos (al menos los que yo conozco) hablen en ruso entre ellos. Me dio una sensación acelerada de lo que ya experimenté en Polonia hace un año, que lo ruso se recuerda pero con aprensión y que no quieren saber nada de ellos, abandonar con presteza la memoria soviética.


Teniendo esta larga introducción como contexto, llego a Lviv (Львів), en español Leópolis. Y me gusta. Llegamos de noche y la visión de las calles empedradas delimitadas por fachadas majestuosas en piedra a la luz de las farolas, es una visión muy romántica. La casa en la que nos alojamos está en una de esas calles y está muy bien amueblada. Es una habitación pequeña, anteriormente pertenecía a una estancia mucho más amplia pero había sido separada por un tabique y la puerta de entrada construida a posteriori (algo cutre) en la pared del rellano. Está pensada para acomodar a cuatro personas, dos parejas. Un baño encima del cual se sitúa una de las habitaciones a la que se accede mediante una escalera de mano. La otra habitación comparte sitio con la pequeña cocina, dotando a la cama de cierta intimidad a través de un dosel con cortinas.  Fuera de la casa, una ciudad por descubrir. Nos encontramos bastante cerca de la zona céntrica, a escasos diez minutos andando de la ópera. Ópera en la que asistimos por un lado a un concierto de música clásica (músicos alemanes y ucranianos) que ensalzaba las buenas relaciones entre la Unión Europea (en particular Alemania) y Ucrania. Acabaron el concierto convenientemente con una canción folclórica típica de Ucrania y con el himno de la alegría de Beethoven. Dos veces tocaron el himno, por si no ha quedado claro el mensaje. El otro espectáculo al que asistimos fue un ballet famoso ucraniano llamado Lilea (Лілея). Cuenta la historia de amor entre dos jóvenes que se ven obligados a separarse cuando la envidia del príncipe hacia el joven por el amor de ella provoca que él tenga que unirse a los Cosacos y ella tenga que escapar a esconderse entre los gitanos que cuidan de ella. Muchos años más tarde volverán a encontrarse pero él estará ciego y ella al poco será asesinada por el príncipe. Un ballet que me pareció precioso. El centro de la ciudad es muy acogedor, allí nos encontramos la plaza de Rynok (Площа Ринок). En el medio está el ayuntamiento con su enorme torre desde la cual hay magníficas vistas a la ciudad. Alrededor del ayuntamiento cuatro estatuas griegas, cada una en una esquina, Neptuno, Diana, Adonis y Anfitrite. Rodeando la plaza gran cantidad de terrazas y bares proporcionan un aire jovial a la plaza. Junto a la diversidad de iglesias que nos encontramos lo que más me llamó la atención son los bares temáticos que tienen. Distribuidos por el centro nos encontramos con una multitud de diversos locales donde cada uno tiene una historia que contar. De hecho, hay una tarjeta que te reporta descuentos cada vez que vayas y consumas en cualquiera de estos lugares. Al final de la publicación escribiré el desglose de precios de la semana, pero puedo concluir que es muy muy barato. Los locales a destacar:
-          - Kryyivka (Криївка) más conocido como the bunker. Es un bar de localización desconocida. Eso es, en su página internet sólo proporcionan una vaga pista diciendo que el sitio se encuentra una determinada zona. De llegar allí no veremos ninguna indicación, eso sí, la cola de gente haciendo espera en lo que parece una puerta escondida en uno de los portales subterráneos nos sacará de dudas. Llegado nuestro turno, se abrirá la puerta y un hombre vestido de partisano y con un fusil al hombro nos preguntará (en ucraniano) contraseña. A lo que habremos de contestar слава україні (Gloria a Ucrania)  y él nos responderá героям слава (y gloria a los héroes). Nos pedirá que cerremos la puerta y nos dará un chupito de ¿?. A continuación bajaremos a un sótano donde nos encontramos con una decoración típica de un búnker (de ahí el nombre). Sirven comidas típicas de allí y sin duda lo más gracioso es el Muscovite detector, que según me explicó Natalie si los camareros te escuchan hablar en ruso te llevan a una especie de cárcel donde para salir tienes que contar alguna broma o cantar alguna canción. En mi visita no lo vi por desgracia. El menú contiene información sobre la resistencia subterránea durante la ocupación nazi y chistes hacia Putin.

-          - Otro local muy cerca a este es el Lviv Coffee Mining Manufacture (Львівська копальня кави). Llamado así porque literalmente te cuentan que el café que ellos venden no se cultiva si no que se extrae de una mina subterránea en la que se encuentra el local. Tras bajar a unas escaleras llegaremos a, efectivamente, una mina escavada con sus vagonetas y todo, donde se sitúan las mesas y las barras. Por toda la estancia la decoración está muy conseguida, habiendo cuerdas y poleas llevando sacos de café de un lado para otro y con máquinas de humo que dan la completa sensación de estar en una mina. Lo más curioso de pedir aquí es un café que te flamean delante de ti con un soplete. Tuestan el azúcar que queda como una capa sólida encima del café. Un espectáculo muy divertido y barato.


-         -  Las costillas del arsenal (Реберня "Під Арсеналом"). Y qué costillas! Tienen terraza y salón interior, pero para parejas la terraza no es opción así que las dos veces que fuimos comimos dentro. El sitio merece la pena, no sólo por lo buenas que están las costillas si no por cómo lo tienen montado. En la entrada tienen los hornos donde continuamente están asando costillar tras costillar. Rápidamente nos sentaron y tras pedir la jarra de medio litro de cerveza con los 400 gramos de costillar (por persona) te dibujan con rotulador en el mantel de papel el plato y cubiertos, explicándote que allí solo se usan las manos. Así mismo te proporcionan unos baberos con graciosos dibujos para el posterior disfrute. En seguida llegan las costillas que el camarero se dedica a separar con el hacha que lleva. Por todo el restaurante tienen lavabos con jabón y papel (además del baño) para salvar nuestras manos del estropicio en que acabaremos.


-          - El salón de las torturas. En este sitio se despliegan por el restaurante artefactos de tortura típicos de la edad media (algunos de ellos deben su existencia a la inquisición española). Aquí probé el shashlyk (шашлик) que es una plato de diferentes tipos de carne a la brasa. El menú contiene información sobre estos instrumentos de tortura y por lo visto a las nueve de la noche hacen un show que no llegamos a ver.

-          - El café Masoch (Мазох). Sin lugar a dudas un lugar imprescindible. El local hace honor al austriaco  (por aquel entonces Lviv era parte de Austria) Leopold von Sacher-Masoch de cuyo apellido y debido a ciertas de sus obras el término masoquismo fue derivado. La decoración no es lo más llamativo del sitio, aunque con diversas esculturas de penes y pechos, los sujetadores colgando y otros objetos no pasa desapercibido. Lo primero que llama la atención son las fustas que llevan los camareros (hombres y mujeres) que no dudan en usar cuando pasan a tu lado. Pero lo mejor de todo es el show que montan cuando algún cliente pide una bebida en especial. El cliente en cuestión (si es hombre) habrá de quitarse la camiseta y la camarera le tapará los ojos, sentará en una silla y le atará las manos a la espalada. A continuación verterá las dos mezclas de coctel en la boca y no lo deberá de tragar. Entonces le agita la cabeza hasta que considera que está bien mezclado, le frota unos hielos por el cuerpo y empezará a echar cera caliente por todo el torso del sujeto. Incluso lo verterá por dentro de los pantalones (dudo si dentro de los calzones) para después echar un cubo de hielos en el mismo sitio. Ya podrá tragar el coctel. Lo último será colocarle a cuatro patas y azotarle en la espalda repetidamente mientras la camera pide al sumiso que le repita unas frases. Si es mujer la que lo pide, lo primero no sucede, se pasa directamente a los azotes que serán en el culo. Un postre que también tiene show es el plátano con chocolate y crema, donde el cliente deberá quitarle la crema a base de felaciones sin poder usar las manos. En fin, un sitio surrealista que saca muchísimas risas.

-          - Un lugar un tanto extravagante es la casa de las leyendas (Дім легенд). Es un restaurante de habitaciones pequeñas pero de varios pisos desde el sótano hasta la azotea. Varios de los camareros son enanos y tiene decoración llamativa como un dragón en la fachada y un coche en la azotea entre otras.

-         -  Otro sitio, Gas Lamp (Гасова лямпа )hace honor a las lámparas de gas que por lo visto se inventaron en Lviv. Es casi un museo al disponer de gran multitud de tipos de estas lámparas. Como el local descrito anteriormente, dispone de muchos pisos a los que se accede a través de una escalera en caracol donde el primer tramo dispone de un semáforo para señalizar la disponibilidad de subida o bajada. La cuenta la traerán en una cajetilla sellada que se abrirá al fulgor de una mecha que enciende el camarero.

-          -  Un local que merece varias visitas es el drunken cherry (п'яна вишня). Sólo tienen un tipo de bebida, un licor de cereza, que causa sensación en Lviv, siempre hay gente tomándose una copa, está buenísimo.


-          Hay muchos más sitios, ya no digamos con una temática en la que ampararse pero que ofrecen estupendas comidas. Cerca del arsenal, probamos una trucha y tostas exquisitas.

Los paseos por la ciudad nos llevarán siglos atrás al pasado. Lviv cuenta con un gran número de iglesias y parques. Hay un cementerio, el de Lychakiv (Личаківський цвинтар), que impresiona por su extensión y la belleza de sus tumbas. Muchas celebridades ucranianas han sido enterradas aquí como el literato Iván Franco y actualmente, bajo el marco de trasladar a los héroes nacionales que murieron por la independencia de Ucrania, se quieren trasladar los restos de Stepán Bandera. Otro parque de gran extensión es el museo de vida rural y arquitectura folclórica, donde se muestran reconstrucciones de casas típicas de la región de los Cárpatos, conocido como el parque Shevchenko (Шевченківський). Asimismo, de gran placer es caminar por el parque de Stryiskyi (Стрийський парк) justo al lado del parque memorial de Bogdán Jmelnytsky, el cosaco que mencionamos antes. En cualquiera de estos parques es fácil ver ardillas, cisnes y otros animales. Sobre la colina del High Castle(Високий замок), después de una pequeña ascensión, tendremos unas vistas estupendas de toda la ciudad antigua desde el norte. Pero para vistas merece la pena subir la torre del ayuntamiento, en el centro de la plaza Rynok. Son entre trescientos y cuatrocientos escalones, que nos darán una magnífica panorámica de Lviv.

Vistas desde el High Castle. Se aprecia la cúpula de la Iglesia Dominica.

Calle de Lviv

Vistas desde la torre del ayuntamiento, se ven la Iglesia Dominica a la izquierda y la torre de la Iglesia de la Asunción.

Cisne en el parque de arquitectura folclórica

Me alegró encontrarme con un monumento a Adam Mickiewicz, literato polaco. El año anterior me compré un libro suyo en Polonia, y no esperaba encontrármelo en Lviv.


Un monumento que me gustó, es el dedicado a las fuerza de seguridad del estado, un jinete atravesando con su lanza a una gigantesca serpiente.


Además tuvimos la oportunidad de visitar los montes Cárpatos. Tras reservar plazas en una de las agencias de turismo que se encuentran por el centro (por la plaza de Rynok será fácil de encontrar los relaciones de estas agencias promocionando las excursiones). En particular la excursión que cogimos, incluía una visita a la cascada Shypit (шипіт), una ascensión en telesilla a uno de los montes y una visita al lago Synevir-Polyans’ke (озеро Синевір-Полянське), todo ello en el parque natural de Synevir (Синевiр). Era mi segunda vez en los Cárpatos, mi primera hace un año, en mi visita a Polonia, tuve la suerte de poder ir al parque natural de Bieszczady, y aquella vez, como ésta, no decepcionan, con sus montes de tonalidades rojas producen un contraste brutal con el cielo azul. Nunca he visto esos colores en otras montañas. Probablemente me impresionó mucho más en Polonia, también fue la primera vez, pero allí no iba con visita guiada, tuvimos más tiempo para disfrutarlo y sobretodo, pudimos hacer un trekking de varios kilómetros por las montañas. Aquí fue mucho más breve, pero me alegré de tener de nuevo la oportunidad de visitar estas montañas. La excursión fue un poco paliza, el autobús salía a las siete de la mañanas, con un trayecto de cinco horas ida (apenas algo más de doscientos kilómetros) y las respectivas de vuelta, estando de vuelta pasadas las once de la noche. Pero mereció la pena. Curiosa coincidencia, el autobús que nos llevaba, todavía conservaba la pintura y pegatinas (incluída ITV del 2012) cuando formaba parte de la flota de autobuses del principado de Asturias. El mundo es un pañuelo.






En conclusión, un viaje que personalmente me alegro de haber hecho. Europa es un continente que rezuma historia por sus poros, de Portugal a Rusia, no hay país que no tenga una historia interesante que contar, historia forjada por años de guerras constantes, de sangre y más sangre, donde en un territorio relativamente pequeño, no ha podido engendrar más imperios e ideas diversas. Europa Oriental, posiblemente por su lejanía y por mi desconocimiento hacia ella, siempre me ha despertado curiosidad, un territorio extenso y turbulento, donde la sombra del comunismo durante casi un siglo ha dotado de un carácter todavía más particular a estas tierras.

En particular disfruté la visita gracias a que Lviv todavía no goza de la popularidad de otras ciudades como Cracovia, Praga o Budapest, en parte también por su actual difícil acceso desde el extranjero. Esto permite que uno se sienta de verdad inmenso en la cultura local, a falta de los típicos guiris que lo plagan todo. Y por supuesto, el tener la suerte de ir con Natalie que me permite un acceso a las dimensiones que como turista no natural de la zona me sería totalmente imposible. Me despido del país con el último trayecto en bus. Lo cojo a las tres y media de la mañana hora local (una más que en Polonia, nuestra hora), donde me aguarda una hora hasta la frontera. Allí he de esperar una hora en el lado Ucraniano mientras nos revisan los pasaportes (no hace falta bajar del autobús, un agente sube y coge la documentación). Después, cinco horas y media de espera en el lado Polaco (para Natalie cuando vino dos semanas antes tuvo que esperar once horas). Rigurosa entrada a la Unión Europea, donde se hace estricto control de las maletas, de los pasaportes y del autobús. Ahora sí que es necesario bajar del autobús. Nada que ver con el camino inverso, donde no hay que moverse del asiento y en hora y media están hechos los dos controles. Finalmente a las diez (hora polaca) cogimos de carretera directamente hasta Lublin donde paramos escasos diez minutos y continuamos hasta Varsovia.  Otras cinco horas. Un total de doce horas y media de autobús, que habrá que sumar a la hora de tren de Varsovia hasta Modlin. Finalmente llego al aeropuerto con tres horas para el despegue, de vuelta a casa y con Lviv en mi memoria.

Desglose de precios (en euros):
Total Alojamiento (ocho noches): 60.5
Total Avión: 163
Total Bus Polon-Ucran: 25.3
Total transporte por ciudad: 3.5
Total comer y bebidas: 93
Total entradas: 17.2
Total excursión: 16.35
Total super (vino y aperitivos): 10.2
Total Souvenirs: 14.5
TOTAL: 403.6 euros