Monday, 30 November 2015

No aquí

Últimos pasos hasta la orilla. La estrechez del río no hace justicia a su largo recorrer. Allá desde las colinas, más lejos parece. Debe llover mucho, no podría ser de otra forma que las praderas fueran tan verdes. Extraño lugar, el cielo apunta un color escarlata y alguna estrellas se desvelan desde su infinita distancia. No hay bruma alrededor, la inmensidad es apabullante, mi soledad una consecuencia. Doblo las rodillas, me inclino sobre el agua e introduzco la mano en ella. El río pronto resuelve la interferencia, entrando ambos en delicada simbiosis. Mis dedos descansan a la vez que me transmiten sensaciones de otra realidad, de un rápido fluir, vagos y lejanos recuerdos, provenientes de las colinas. Rápido es el encuentro y rápida es la despedida. Hasta más ver, no en esta vida claro. Una ligera brisa despierta, celosa del discurrir del río, abraza mi cuerpo. El tiempo para, no lo hace el viento, no lo hace el agua. Inspiro fuerte, intento atraparlo todo, quiero purificar el alma, pero no es así como funciona. ¿De dónde vienes y, ahora que me conoces, a dónde irás? El viento, obviamente no pronuncia palabra. Tampoco las esperaba. El silencio es su respuesta, su condena y su salvación. Voy a todos los lugares y a ninguno, los mismos de los que vengo. Voy o no voy a donde quieres que vaya, pero cuando tu no estés, no iré y no volveré, ya no seré. Vuelve a fluir el tiempo. Siento sus ojos, azules o verdes, depende de la luz, eso me dijo. En la otra orilla, su pelo trenzado hasta la altura de las caderas. Siempre fui fiel apasionado de su pelo, tan bien cuidado, tan bien esculpido, y ella siempre lo supo. Sus pies se deslizan sobre el suelo, su cabello sobre su piel y sus pestañas sobre sus ojos. Su tez pálida, como su cuerpo esbelto, resaltan si cabe en la curiosa gama cromática del escenario. Aquí nos juntamos pues, aquí yo soy perfecto, aquí tú eres perfecta. Sólo aquí seremos felices.

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