He llegado a esta obra leyendo ‘La ciudad antes del Mar’ de mi antiguo
profesor Claudio Feijóo y no consigo entender cómo no he podido conocerla
antes. Es una pasada. No había leído nada antes de Vicente Blasco Ibañez y desconocía
completamente su trabajo como periodista. Este libro no es una obra propiamente
dicha si no que es una de las numerosas partes de las que se compone su relato ‘La
vuelta al mundo de un novelista’ que el autor publicó en 1924 por motivo de su
viaje por el mundo entre 1923 y 1924. La casualidad ha querido que me haya
topado con este libro prácticamente 100 años después de que se escribiera y 10
años después de que yo me mudara al país asiático (¡ojalá haberlo leído antes!).
El libro es el reflejo de una mirada exquisita con una lenguaje pulcro y
cuidado. La época en que el autor visita China coincide con uno de los episodios
especialmente interesantes del país, donde tras más de dos milenios de concatenación
de dinastías de emperadores, China se convierte por primera vez en una república
en su historia. En una república disfuncional eso sí, secuestrada por las
potencias extranjeras y donde gran parte del territorio está en manos de los
conocidos como señores de la guerra. Es por eso de gran valor este testimonio
del autor, que nos ofrece en esta obra una visión muy nítida de una etapa muy
complicada de entender, paseándose por los lugares claves, a saber:
- - Manchuria,
de facto bajo dominio Japonés
- - Pekín,
bajo el gobierno de Beiyang, legitimado por las potencias extranjeras
- - Shanghai,
enclave internacional de las potencias extranjeras
- - Cantón
(Guangzhou), bajo el dominio del partido nacionalista Kuomingtang de Sun
Yatsen, cuyo sucesor Chiang Kai-shek unificará el país cuatro años después de
este viaje (unificará relativamente, teniéndose en cuenta la guerra civil con
los comunistas y la invasión japonesa)
- - Hong
Kong, bajo dominio Inglés
- - Macao,
bajo dominio portugués
Me emociona especialmente el capítulo de Pekín, donde gracias a las
descripciones del autor he podido realizar un viaje en el tiempo espectacular.
Conociendo gran parte de los lugares que el autor describe, ha sido muy
enriquecedor rememorar mis propios recuerdos desde otro punto de vista más
antiguo. Ya sólo por este regalo el libro me merece la mejor de las críticas.
Curiosidades China
-
[i] El
pueblo bajo va en China invariablemente vestido de lienzo azul; [/i]
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[i] Los
más conservan la coleta que la República china ha suprimido en Pekín y otras
poblaciones importantes. [/i]
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[i] Más
de una cuarta parte de la inmensa China se halla ocupada por tumbas. Además,
éstas son eternamente sagradas y no hay gobierno que se atreva a tocarlas. Una
de las dificultades mayores con que tropiezan los occidentales al construir
ferrocarriles es la imposibilidad de expropiar una tierra que tenga sepulcros.
Algunas veces se ven obligados a desviar la línea férrea con absurdos rodeos
porque los descendientes de unos chinos que murieron hace tres o cuatro siglos
se niegan a remover las sepulturas de éstos. [/i]
-
[i] Alguien
ha definido a este país diciendo que es una aglomeración de quinientos millones
de vivos, aterrados por la presencia de miles de millones de muertos. [/i]
-
[i] Con
frecuencia, el adivino designa como lugar favorable para la futura tumba el
campo de algún amigo suyo, y los herederos se ven obligados a adquirirlo a un
precio fabuloso. [/i]
-
[i] Los
dioses, según ellos, sólo habitan la atmósfera. Son Feng (el Viento) y Shui (el
Agua) [/i]
-
[i] creencia
tradicional que el vivir en piso alto atrae las enfermedades, y manteniéndose
en contacto a todas horas con la tierra se reciben efluvios misteriosos que
vigorizan la salud. [/i]
-
[i] Los
pequeños y ligeros edificios superpuestos deben ser forzosamente en número
impar: cinco o siete por regla general. Los chinos aborrecen el número par y lo
evitan en todas sus obras. [/i]
-
[i] Han
desaparecido casi por completo los palanquines, como ocurrió en las ciudades
japonesas. La ricsha, más ligera y que sólo exige un hombre para su manejo, ha
democratizado la circulación. […] Algunos misioneros norteamericanos, viejos y
achacosos, al establecerse en el Japón en 1860, se hicieron llevar por
naturales del país en carruajitos de tal especie. Los japoneses se apropiaron
la innovación, creando la koruma, y del Imperio del Sol Naciente han copiado el
uso de su ricsha los chinos y otros pueblos asiáticos. Antes sólo podían ir en
palanquín los mandarines y los comerciantes ricos; ahora todos los chinos que
gozan de un pequeño bienestar usan la ricsha. [/i]
-
[i] conserva
por tradición el mismo corte de traje en los diversos grados sociales. La
importancia de las personas se aprecia únicamente por la riqueza de las telas
que usan. La elegancia y el rango de cada uno se concentra en el gorro o
solideo que cubre su cabeza. En él se exhiben los signos honoríficos, iguales a
las condecoraciones que los mandarines civiles de Europa se colocan sobre el
pecho en forma de cruces y los mandarines militares sobre los hombros en forma
de charreteras. Cada tocado indica la categoría de su portador por medio del
botón que lo termina. Unas veces el botón es de seda, otras de oro o de piedras
preciosas, abarcando su simbolismo todas las dignidades, hasta las puramente
literarias. [/i]
-
[i] los
mandarines letrados, para demostrar su alejamiento de los trabajos materiales,
se dejaron crecer hasta hace poco las uñas de sus manos. Sólo las exhibían en
días de ceremonia, guardándolas el tiempo restante metidas en fundas de bambú. [/i]
-
[i] El
juego es la gran pasión del populacho, desarrollándose este vicio especialmente
en las provincias del sur. La diversión que más le entusiasma, los fuegos
artificiales. [/i]
-
las
tres felicidades más grandes que puede obtener un chino: un heredero, un empleo
público y una vida larguísima, simbolizados por las figuras de un niño, un
mandarín y una cigüeña.
-
[i] Una
de las primeras reformas de la República fue abolir la bárbara costumbre que
estropea los pies de las mujeres para hacerlos extremadamente pequeños.[…] Esta
deformación no es de origen antiquísimo, como se imaginan algunos. Data del
siglo X, y no se comprende cómo pudo generalizarse en tan vasto Imperio. Los
invasores tártaros tuvieron el buen sentido de no imitar dicho uso de los
vencidos, y sus mujeres, nueva aristocracia del país, dejaron crecer sus pies
en libertad, sin considerarse por ello menos hermosas que las chinas
tradicionales. […] Todos saben cómo se realiza esta tortura, obligando a las
niñas a usar diminutos zapatos de metal, que sólo abandonan cuando son mujeres.
Los dedos se doblan y se anquilosan, quedando adheridos a las plantas de los
pies, y éstos no son al fin más que dos muñones dentro de un calzado que por su
forma redonda se asemeja a las pezuñas de ciertos animales. […] Avanzan con
igual movimiento que una persona montada en zancos; parece que sus rodillas no
pueden doblarse; se balancean con un contoneo grotesco, semejante al del pato.
Y sin embargo, los poetas chinos han cantado en el curso de los siglos este
andar torpe, comparándolo con los balanceos de la flor, con el sauce llorón,
etc. […]esta estúpida amputación pedestre anquilosa la pantorrilla femenil,
haciéndola de una delgadez esquelética, pero en cambio engruesa el muslo y sus
vecindades superiores, particularidad plástica que parece muy de acuerdo con la
estética china. [/i]
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[i] Las
mujeres chinas son más grandes que las del Japón. Algunas de ellas, a no ser
por sus ojitos oblicuos, pasarían por europeas [/i]
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[i] Emplean
el negro para dar a sus cejas la forma de un semicírculo y se colocan una
mancha de bermellón en el labio inferior.[/i]
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[i] En
las carnicerías venden gatos y perros, que, según afirman los conocedores,
fueron cebados con arroz, estando sujetos a una argolla día y noche para su
engorde. [/i]
-
[i] las
ratas, libres de enemigos, se multiplicasen de un modo peligroso, también las
venden en los mismos establecimientos, desolladas y formando manojos de a
docena, unidas por los rabos. [/i]
-
[i] Los
republicanos chinos son indiferentes en materias religiosas o profesan la
filosofía de Confucio, el más alto personaje nacional. [/i]
-
[i] Las
ideas generosas del dulce Gautama se modificaron al ser interpretadas por
numerosas generaciones de sacerdotes profesionales, y hoy no son más que un
pretexto para ceremonias. Estos monjes del budismo han perdido de vista a Buda.
Sólo conocen los actos del rito y los repiten automáticamente, sin sospechar su
significado. [/i]
-
[i] De
los quinientos millones de seres que pueblan este país, muy pocos recuerdan los
nombres de sus emperadores, ni aun los de aquellos que figuran gloriosamente en
su historia. Pero ninguno ignora quién fue Kung-Tsé, nombre chino de Confucio. [/i]
-
[i] En
este país, donde cargos y honores no son transferibles, y los herederos de los
mandarines más poderosos vuelven a sumirse en las últimas capas sociales si no
logran a su vez conquistar por el estudio y el examen la posición de sus
padres, la única nobleza reconocida es la de los descendientes de dicho
filósofo. [/i]
-
[i] La
República, que se muestra ajena a todas las religiones del país, ha acrecentado
aún más la fama de Confucio, tributándole un culto nacional. En ningún pueblo
se vio jamás rendir tales honores a un moralista, conservándole su condición
simple de hombre, sin pretender convertirlo en hijo de Dios. [/i]
-
[i] el
pueblo chino, a pesar de su rutinarismo, fue siempre el más respetuoso para la
inteligencia, y este respeto viene durando miles de años, sin ningún eclipse. [/i]
-
[i] Los
antiguos ejércitos chinos hasta tenían una organización literaria. Los jefes y
oficiales se titulaban, según sus grados, «doctores en armas» y «bachilleres». [/i]
-
[i] Mostraron
los emperadores tártaros gran empeño en dar el primero de los lugares a los
«graduados en armas», pero no pudieron conseguirlo. La opinión pública
estableció siempre una diferencia entre los doctores civiles y los doctores
militares, respetando más a los primeros [/i]
-
[i] Muchos
siglos antes de Cicerón, este pueblo había puesto en práctica su Cedant arma
togae. [/i]
-
[i] El
fondo del llamado taoísmo es una filosofía que recomienda el anonadamiento de
las pasiones materiales, el alejamiento de los placeres del mundo, la
contemplación de la naturaleza divina para confundirse con ella, como las aguas
de una fuente vuelven al mar del que proceden. [/i]
-
[i] Laotsé
se preocupó más del hombre que de la humanidad [/i]
-
[i] La
filosofía moralista de Laotsé resulta estéril para la felicidad común.
Confucio, por el contrario, pensó en la sociedad más que en el hombre, fundando
aquélla sobre las leyes de la más generosa moral. Para él, la virtud no
consiste únicamente en abstenerse de acciones condenables. Hay que ser útil
además a los otros seres, contribuyendo activamente a la felicidad de todos. [/i]
-
[i] El
uno considera la civilización como causa de la decadencia del género humano; el
otro la acepta como el mayor destino del hombre sobre la tierra. El primero se
pierde en las profundidades de la metafísica, el segundo propuso leyes y
costumbres, muchas de las cuales rigen hoy la vida superior del pueblo chino.
Laotsé fue un gran filósofo, Confucio un gran legislador. [/i]
-
«Responde
al mal con la justicia y a la bondad con la bondad.» Así habló Laotsé cuando
aún faltaban seis siglos para el nacimiento de Jesús. «Trata a los demás
hombres como tú deseas que te traten a ti.» Esto lo dijo Confucio quinientos
años antes de la era cristiana.
-
[i] Mientras
en los otros países se dedicaban templos a dioses imaginarios y muchas veces
crueles, la nación china los elevó a un simple hombre, porque fue apóstol de la
dulzura humana; de la moral y la virtud. [/i]
-
[i] El
confucionismo es la religión de los letrados; el taoísmo y el budismo,
religiones del pueblo, cuentan sus fieles por centenares de millones. Las tres
se asocian fraternalmente, tomándose unas a otras doctrinas y ritos y
absteniéndose de todo proselitismo. [/i]
-
[i] Tampoco
aman a los chinos musulmanes, a causa de su insurrección en 1856, que duró
nueve años. [/i]
-
[i] Los
emperadores, respetuosos siempre para las varias religiones de sus súbditos,
sólo rendían culto al cielo y manifestaban además un agradecimiento místico a
la tierra arada, sustentadora de la nación. [/i]
-
[i] El
mismo emperador, que ofrecía con sus manos un tributo a los dioses celestes en
el solsticio de invierno, celebraba otra ceremonia religiosa al llegar la época
en que son aradas las tierras. En presencia de sus cortesanos y con todo el
aparato de un acto de gobierno, el Hijo del Cielo empuñaba la esteva de un
arado amarillo al que iban uncidos dos bueyes con cuernos dorados y labraba un
trozo de campo sin ayuda de nadie, sembrándolo después. [/i]
-
[i] Estos
agricultores intensivos se preocuparon de los abonos hace miles de años, cuando
nadie en nuestro mundo tenía la menor idea de lo que pudiera ser un
fertilizante. Y de todas las materias que reconstituyen y tonifican las fuerzas
germinativas del suelo, la más preferida por ellos es la de procedencia humana.
[/i]
-
[i] todas
las plantas de sus admirables huertas tienen al pie invariablemente algo que
pasó por una letrina. [/i]
-
[i] En
los hoteles importantes de Pekín y otras ciudades, los directores, para
tranquilidad de la clientela, fijan un anuncio en el vestíbulo afirmando
rotundamente que todas las hortalizas preparadas en su cocina proceden de
terrenos propiedad del establecimiento cultivados a estilo europeo. Ríe el
chino de los escrúpulos y ascos de la gente occidental. [/i]
-
[i] Como
el abono humano es el más apreciado de todos, el acto de producirlo no
representa algo vergonzoso e inmundo, como en nuestros países, desarrollándose
públicamente con la mayor tranquilidad [/i]
-
[i] Todo
agricultor se preocupa de instalar en sus campos una letrina cerca del camino
para que la use el viandante. [/i]
-
[i] el
Hijo del Cielo vivió durante siglos y siglos, dentro del mundo asiático, más
poderoso y obedecido que ningún monarca lo fue en Occidente. No había pueblo
del viejo mundo que no reconociese su autoridad y temiera sus ejércitos
innumerables. El Japón fue el único que se libró de tal vasallaje, por su
posición insular y por los caprichos oceánicos que destruyeron todas las flotas
chinas llegadas a sus costas. El cruel Timur, o sea el famoso Tamerlán, terror
y azote de tantos pueblos, se declaró feudatario del Gran Kan residente en
Pekín. [/i]
-
[i] El
pueblo chino ha cometido crueldades, como todos los pueblos de la tierra, pero
muchas menos que las imaginadas por la ignorancia occidental. [/i]
-
[i] Hemos
mencionado ligeramente algo de lo ocurrido durante la última entrada en Pekín
de las tropas civilizadoras. En otra expedición militar emprendida en tiempos
de Napoleón III por un ejército de ingleses y franceses, el robo de los
palacios imperiales resultó inaudito. Casi todas las riquezas de arte chino
existentes en Europa datan de aquella invasión de bandidos civilizados. [/i]
-
[i] la
artillería de las citadas tropas se instaló en el primitivo Palacio de Verano,
cerca de Pekín, y la explosión intencionada o casual de un depósito de pólvora
hizo desaparecer instantáneamente este monumento célebre del arte chino. [/i]
-
[i] Otra
intervención anterior de Inglaterra, en la primera mitad del siglo XIX, que le
permitió adueñarse de Hong-Kong, aún fue más vergonzosa. Los gobernantes
chinos, para librar a su pueblo del envilecimiento del opio, prohibieron el
consumo de dicha droga. Los ingleses siguieron entrándola de contrabando,
porque así convenía a su comercio, y como el virrey de Cantón embargase varios
cargamentos, echándolos al agua, la piadosa y liberal Inglaterra envió sus
batallones y sus navíos contra el gobierno del Hijo del Cielo para defender una
vez más la civilización… y la venta del opio. —Nosotros los salvajes —repiten
sonriendo los chinos. [/i]
-
[i] Gobernaba
su vastísimo imperio sin haber visitado ninguna de sus ciudades. Todo lo sabía
de oídas, según se lo habían contado sus mandarines. Cuando atravesaba la
capital una vez al año para ir al Templo del Cielo con el joven emperador, o al
trasladarse desde su residencia de invierno en Pekín al Palacio de Verano, no
le era posible ver a su pueblo. Calles y caminos quedaban desiertos desde un
día antes. Los chinos sabían que era delito, pagado con la cabeza, todo intento
de conocer a sus soberanos. [/i]
-
[i] los
monarcas más invisibles de la tierra. Nadie como ellos supo buscar la paz y la
dulzura de la vida. Fueron pastores de hombres, destinados por herencia a regir
los rebaños más numerosos del mundo, y sin embargo vivieron alejados de sus
semejantes, como si perteneciesen a otra humanidad, en un paraíso artificial
moldeado egoístamente con arreglo a sus caprichos. [/i]
-
[i] Los
chinos, tan extraordinariamente tildados de crueles, resultan incomprensibles
muchas veces por su dulzura y su tolerancia, virtudes que les permiten
encontrar una solución agradable a los conflictos más enrevesados. [/i]
-
[i] En
China, los republicanos, después de su triunfo, dejaron en paz al joven
emperador para que continuase viviendo lo mismo que antes. Y como en realidad
el monarca no había salido nunca de la Ciudad Prohibida, ni gobernado otra cosa
que su vivienda —los ministros lo hacían todo en su nombre—, debe pensar a
estas horas que la República no se diferencia mucho del antiguo regimen. [/i]
-
[i]
En este país extremadamente viejo, decano de todas las naciones actuales, no
abundan los monumentos que puedan llamarse antiguos. Templos y palacios sólo
alcanzan una vida de contados siglos. Lo eterno es la China, su historia y sus
costumbres. El alma del país perdura inmutable a través de miles de años. La
exterioridad de las cosas resulta transitoria y ha sufrido muchas renovaciones.
[/i]
-
[i] todos
con zapatillas afieltradas, de pie negro y caña blanca, que son el calzado
nacional. [/i]
-
[i] Esta
flojedad, incomprensible en hombres que aprecian la vida menos que nosotros y
parecen más acostumbrados a sufrir el dolor físico, sólo puede explicarse
teniendo en cuenta que el chino, por regla general, es más astuto e inteligente
que el blanco. Sabe demasiado para ser militar; tiene una experiencia de varios
miles de años a su espalda, y las expresiones sonoras «patria», «gloria», etc.,
que en otros países empujan a los hombres a la muerte, no despiertan en él
grandes entusiasmos. Su positivismo le hace pensar que los provechos de la
victoria serán para sus jefes y no para él. Sabe que si queda inválido no
recibirá ninguna recompensa digna de tan enorme desgracia. Pero el porvenir es
una sucesión de sorpresas, y ¡quién sabe lo que hará en el futuro este pueblo
de quinientos millones de seres!… [/i]
-
[i] Los
chinos, como todos los pueblos de un gran pasado histórico, miran con
superioridad a los países que estuvieron bajo su dependencia, política o
intelectual. Como los japoneses fueron sus discípulos y los vapulearon hace
treinta años en una guerra, se vengan de ellos llamándoles «los enanos». Pero
es indudable que si las potencias europeas y los Estados Unidos no se
preocupasen de mantener la independencia de la República china, «los enanos»
habrían aprovechado cualquier pretexto para llegar hasta Pekín —sólo están de
él a veinticuatro horas de ferrocarril—, barriendo con facilidad todo este
ejército azul y blanco, de zapatillas silenciosas [/i]
-
[i] El
adorno escultórico de los cementerios ricos es siempre el mismo: una gran
tortuga de piedra que lleva sobre el lomo un obelisco o una torre de pagoditas
superpuestas. Esta tortuga, emblema de una larga vida, con la pareja de
dragones imperiales y el ave fénix, constituye el grupo principal del
simbolismo chino. [/i]
-
[i] Lo
que constituyó en vida el lujo del difunto debe seguirle más allá de la tumba. [/i]
-
[i] Y
los muebles, las armas, los automóviles, los animales domésticos, son todos de
cartón, construidos por notables artífices que reproducen el original con una
escrupulosidad puramente china, sin olvidar detalle. [/i]
-
[i] Las
cosas no son simples y uniformes como se las imaginan los espíritus dados a la
generalización. En nuestra vida todo resulta complejo, y las más de las veces
contradictorio e inexplicable para nuestros sentidos. La China no es un pueblo
uniforme; existen dos Chinas: una la tradicional, que todos conocen, la China
milenaria de los biombos, con ceremonias enrevesadas hasta la puerilidad y
supersticiones distintas a las nuestras. La otra es el inmenso pueblo chino,
agrupación humana la más dispuesta al trabajo, que soporta alegremente la
fatiga y siente en todo momento el ansia de saber. El deseo del chino es
ganarse la subsistencia, aunque sea trabajando catorce o dieciséis horas al
día, y apenas queda libre aprovechar su descanso para aprender. Ningún comerciante
del mundo puede compararse con él por su inteligencia despierta, ávida de
novedades y ágil para salvar obstáculos. [/i]
-
[i] Como
en esta tierra pudieron los pobres, durante 5000 años, subir a los más altos
puestos del Estado gracias al estudio, las biografías de sus letrados más
célebres contienen ejemplos de una tenacidad heroica para adquirir la
instrucción [/i]
-
[i] Los
mandarines letrados que adquieren sus títulos en la ciudad literaria de Nankín
se consideran superiores a los demás. Aquí se producen la mejor tinta china y
el papel más fino; aquí están las imprentas que publican los libros más bellos.
[/i]
-
[i] La
palabra «mandarín» es portuguesa. Como los portugueses fueron los primeros
marinos de Europa que visitaron los puertos de China, al anclar en Cantón
llamaron «mandarines» a todos los funcionarios del país que ejercían algún
«mando» sobre sus compatriotas. [/i]
-
[i] Nadie
sabía aquí el nombre de un país llamado España. Como el comercio chino lleva
tres siglos de negocios con Manila, capital de la isla de Luzón, España fue
llamada hasta hace poco «la Gran Luzón», y todavía los mandarines de Shanghai y
otros puertos usan dicho título al dirigirse a nuestros cónsules. [/i]
-
[i] más
famosa de todas es la escrita por Shi Nai’an, novelista del siglo XII. Este Shi
Nai’an es el Walter Scott chino; pero a pesar de que su fecundidad fue tan
grande como la del célebre novelista escocés, sólo ha dejado una obra única,
que se titula Historia de las riberas de un río. [/i]
Curiosidades Arquitectura
-
[i] muchos
que han estudiado su arquitectura reconocen en todas sus construcciones
—palacios, templos, torres o casas particulares— una imitación de la tienda de
campaña habitada por sus ascendientes. [/i]
-
[i] Las
techumbres, negras o de tejas barnizadas, son eternamente cóncavas, como la
cubierta de lona de la tienda, [/i]
-
[i] Las
columnas, siempre de madera, carecen de capiteles y basamentos, aunque el
edificio se halle revestido con pomposa riqueza. Están cubiertas de laca y oro,
pero son iguales de arriba abajo, sin ningún adorno saliente, como los postes
que forman el andamiaje interior de los campamentos. [/i]
-
[i] Los
ángulos de las techumbres se encorvan hacia arriba, lo mismo que los extremos
de la tienda, sostenidos por lanzas. [/i]
-
[i] Son
muchos los que aún creen en la actualidad que sus ascendientes dieron figura de
cuerno a los remates de los aleros para dejar más espacio a los espíritus del
Agua y del Aire, señores de nuestra existencia. [/i]
-
[i] teniendo
por únicos materiales la madera y el azulejo. El mármol y el granito se
reservan para los basamentos de las construcciones, para las escalinatas con
barandillas admirablemente cinceladas, para los puentes de atrevida joroba,
para los pavimentos de los patios, encerrados entre cuatro hileras de edificios
y por cuyo centro se desliza un curso de agua. [/i]
-
[i] Al
ser de un solo piso, las casas están compuestas de numerosos pabellones
separados por patios y jardines. Los chinos son los únicos en el Extremo
Oriente semejantes a nosotros por su mueblaje. Se sientan en sillas y no en el
suelo, comen sobre una mesa, duermen en camas. En sus salones, el gran lujo son
los biombos. Sus diversas hojas contienen paisajes y escenas de la vida
ordinaria, pintados con minuciosa observación. En todas las viviendas de alguna
comodidad, los pisos tienen debajo de ellos tubos de piedra que transmiten el
calor de una hoguera encendida en el subterráneo [/i]
-
[i] Una
contradicción artística de este pueblo. Ama las líneas simples en su
arquitectura; algunos de sus edificios célebres parecen diseños geométricos, y
en cambio muestra horror por la línea recta cuando fabrica muebles y objetos de
lujo. Talla la madera y los metales con ondulaciones reptilescas. Los contornos
de sillas y mesas parecen estar formados con una interminable curva vermicular.
El eterno modelo es un dragón, con sus enroscamientos escamosos. [/i]
-
[i] Los
edificios de Occidente, hechos de piedra, adquieren con el abandono y la ruina
un aspecto sombrío y majestuoso. Las construcciones asiáticas, compuestas de
mármol cincelado que toma a través de los siglos un tono de marfil con caries,
de ladrillos vidriados, de tejas coloreadas y barnizadas, de maderas que se
desconchan dejando caer escamas de laca y de oro, hacen pensar en una momia de
las que mantienen sobre su costillaje, al quedar expuestas a la luz, harapos
bordados, restos de afeites, perfumes corrompidos, joyas empañadas por la
tierra y los zumos cadavéricos. [/i]
-
[i] Las
columnas pierden sus estucos rojos y se motean de blanco con la viruela de la
vejez. [/i]
Curiosidades de Pekín
-
[i] La
forma geométrica de Pekín. La ciudad china, la ciudad tártara y la ciudad
prohibida. [/i]
-
[i] en
el sur, hay un rectángulo más ancho que alto, que es la ciudad china. Encima un
cuadrado perfecto, la ciudad tártara, y en el centro de ella un segundo
cuadrado, la ciudad imperial. [/i]
-
[i] el
Gran Kan levantó al lado de la antigua Cambaluc, o sea la ciudad china, la
actual ciudad tártara, repartiendo los solares entre sus feudatarios más
adictos. De tal modo, sus herederos vivirían rodeados siempre por los nietos de
los antiguos conquistadores, sirviéndoles éstos de guardia y defensa. [/i]
-
[i] Hace
ya muchos años que estas denominaciones no son más que recuerdos históricos.
Las familias chinas y tártaras se han mezclado por enlaces matrimoniales y
viven indistintamente en una o en otra ciudad. [/i]
-
[i] Esta
cuarta ciudad es el llamado barrio de las Legaciones, por vivir en él los
representantes diplomáticos y todos los occidentales residentes en Pekín. Es
como un Estado independiente dentro del corazón de la China. Hasta tiene un
ejército internacional para su defensa, y en el interior de sus fronteras no
rigen las leyes ni las autoridades del resto del país. [/i]
-
[i] la
influencia norteamericana creó el Gran Hotel de Pekín, edificio enorme, a
semejanza de los de Nueva York, [/i]
-
[i] Robos
y homicidios abundan menos que en la mayoría de las capitales de Europa. [/i]
-
[i] Jamás
ha sentido la inquietud del miedo. No todos pueden decir lo mismo en la mayoría
de las ciudades de Occidente, más peligrosas y desiertas después de medianoche
que los senderos de una selva. [/i]
-
[i] En
el extremo norte de Pekín, cerca de la muralla de la Ciudad Tártara, esparce
sus diversos edificios el templo del Gran Lama [/i]
-
Mientras
duró el Imperio, el templo del Gran Lama y su seminario de bonzos fueron tan
cerrados y hostiles al extranjero como la Ciudad Prohibida. Con el triunfo de
la República, llegaron para este monasterio la pobreza y el olvido.
-
[i] Vemos
en uno de los santuarios la estatua gigantesca de Maitreya, o sea el Buda
chino, imagen jovial, carillena, extremadamente panzuda, que hace reír a los
mismos sacerdotes que le rinden culto. ¡Cuán lejos este coloso grotesco del
sereno y noble solitario de Kamakura, esculpido igualmente por chinos!… [/i]
-
[i] monasterio
despierta gran interés cuando se recuerda lo que representó para China, hace
muchos siglos, la introducción del budismo. La nueva religión despertó la vida
espiritual del país. Numerosos chinos, ansiosos de saber, emprendieron largas y
penosas peregrinaciones hacia el remoto Tíbet, donde eran guardados en toda su
pureza los recuerdos y las doctrinas de Buda [/i]
-
[i] En
las inmediaciones del templo del Gran Lama existe el de Confucio y su anexo
llamado el Salón de los Clásicos. [/i]
-
[i] El
templo de Confucio en Pekín es de majestuosa simplicidad, muy grande, pero
solemnemente vacío. Sus paredes no contienen imágenes; su principal adorno es
una calma absoluta. Las columnas y las murallas, de un rojo uniforme, sólo
tienen ligeros toques de oro. [/i]
-
[i] En
el centro, como único adorno, hay un ramo gigantesco de lotos surgiendo de un
vaso de bronce de iguales dimensiones. [/i]
-
[i] La
piedra de Confucio es más grande y parece presidir a las otras, ocupando un
sitio preferente, el mismo del altar mayor en los templos. A ambos lados de
ella están las piedras representativas de sus cuatro asociados (uno de los
cuales fue su célebre continuador Mencio), de sus doce discípulos más ilustres,
y de setenta y dos discípulos menores, alineados con arreglo a fechas y
méritos. [/i]
-
[i] En
este panteón severo, que nunca guardó cadáveres, y en la próxima sala, llamada
de los Clásicos, donde se reúne algunas veces la Academia de Pekín, no se
desarrolla ningún acto con carácter religioso. En realidad, Confucio fue un
moralista que se mantuvo al margen de las religiones positivas. [/i]
-
[i] Los
dos templos indiscutiblemente más antiguos de Pekín se hallan en el extremo
opuesto, al principio de la Ciudad China, Son el templo del Cielo y el templo
de la Agricultura. [/i]
-
[i] Únicamente
separa a ambos parques sagrados la famosa calle de Enfrente, al avanzar recta
por el centro de Pekín desde la puerta de igual nombre en la muralla de la
Ciudad Tártara, a la puerta del sur que da entrada a la Ciudad China. [/i]
-
[i] La
puerta y la calle se llaman de Enfrente (Chien-Men) porque están en el mismo
eje que pasa por el centro del palacio imperial y por mitad también del Salón
del Trono, donde daba audiencia el Hijo del Cielo. Éste, sin moverse de su
asiento, si hacía abrir las puertas de los tres recintos fortificados de la
Ciudad Imperial y la puerta del muro de la Ciudad Tártara, podía ver toda la
longitud de la calle de Enfrente, bordeada de edificios y hormigueante de
muchedumbre, en una extensión de diez kilómetros. Una vez al año seguía el
emperador este camino para ir al templo del Cielo. Esta solemnidad era el día
del solsticio de invierno. Jamás en el resto del año atravesaba el divino
monarca las calles de su capital. No por ello lograban los súbditos ver su rostro
el día de la citada fiesta. Los habitantes de la calle de Enmedio debían
permanecer recluidos en sus casas, con pena de muerte si osaban mirar por una
rendija. [/i]
-
[i] El
templo del Cielo. El simbolismo del número 9. [/i]
-
[i] Subiendo
escalinatas de mármol partidas por el «sendero imperial», llegamos al altar del
sacrificio. A primera vista parece demasiado bajo, en relación con la arboleda
y los otros edificios del parque. Pero los chinos no aman la enormidad en sus
monumentos; buscan su belleza en la armonía de las proporciones, con arreglo a
la educación de sus ojos. [/i]
-
[i] Cada
una de dichas mesetas está separada de las otras por escalinatas de nueve
peldaños. El 9 es el número sagrado de los chinos, como el 7 lo fue de los
pueblos cristianos. La primitiva religión del país tiene nueve cielos; su
antigua ciencia da a la tierra nueve grados; las divisiones del tiempo y del
espacio se basan siempre sobre el citado número. [/i]
-
[i] Subía
el emperador, en una mañana brumosa y frígida de nuestro mes de diciembre, a la
plataforma más alta de dicho altar, para rendir sacrificio a sus padres, los
señores del cielo. En esta ceremonia vestía una túnica de piel de cordero
negro, forrada interiormente de zorro blanco, y encima un gabán de seda, en el
que estaban bordados los dos dragones celestiales, el sol, la luna y las
estrellas. [/i]
-
[i] Y
el soberano iba ofreciendo a los espíritus celestes las viandas preparadas para
esta ceremonia, los rollos escritos en pergamino y en seda, un novillo sin
ningún defecto, un disco de lapislázuli. [/i]
-
[i] Ahora
los jardines imperiales están olvidados. La República no puede mantener un
ejército de miles de jardineros como lo hacían los Hijos del Cielo,
derrochadores de tesoros. Pero a pesar de su abandono creciente y la tristeza
de las tardes invernales, aún ofrecen un aspecto de melancólica majestad. [/i]
-
[i] Los
lagos son varios y enormes, con islas y penínsulas cubiertas de arboleda. Como
los chinos de Pekín vivían y morían lejos del océano, no vieron obstáculo
alguno en llamar enfáticamente «mares» a estas extensiones acuáticas, y todavía
conservan dicho título. Dentro de la Ciudad Prohibida se encuentran el Mar de
Enmedio, el Mar del Norte, el Mar de las Cañas, y otros. [/i]
-
[i] No
bastando a los emperadores abrir mares en el suelo de sus jardines, elevaron
igualmente montañas. Pekín está asentado en una llanura polvorienta, y sólo al
perder de vista la capital empiezan a columbrarse las estribaciones de una
cordillera. [/i]
-
[i] Mei
Shan (Montaña del Carbón). [/i]
-
[i] Según
cuentan, debe su título a que cierto emperador, durante una de las remotas
guerras civiles, hizo previsoramente enormes acopios de carbón, temiendo un
asedio de sus enemigos. La gigantesca masa de combustible quedó en el olvido,
los huracanes polvorientos que soplan sobre la planicie pekinesa la fueron
cubriendo de tierra, y acabó por convertirse en una colina de rudas pendientes.
Luego, los emperadores, despreciando por innecesario el contenido de la montaña
artificial, cubrieron sus laderas con jardines, y durante varios siglos fue un
lugar predilecto dentro de este mundo cerrado y majestuoso. [/i]
-
[i] En
el centro del Mar de Enmedio o de los Lotos, sobre una colina artificial con
bosques y palacios, está el famoso árbol encadenado. Cuando los emperadores
manchúes, hace dos siglos y medio, destronaron a la dinastía de los Ming,
apoderándose de Pekín, el último de los Ming no quiso sobrevivir a tal
vergüenza y se ahorcó de una rama de dicho árbol. A los nuevos emperadores les
convenía mantener intacto el prestigio de su investidura, la inviolabilidad
religiosa de sus personas, y ordenaron el procesamiento del árbol por haber
prestado sus ramas para esta acción sacrílega, condenándolo a prisión perpetua
como reo de lesa majestad. [/i]
-
[i] Al
licenciar la República el personal enorme mantenido por los emperadores en sus
palacios, lo suplió con soldados de línea. Como el ejército es muy numeroso en
este país extraordinariamente poblado y gusta más de vivir tranquilo que de
ejercicios y maniobras, una gran parte de la guarnición de Pekín se halla
dedicada a la vigilancia de los edificios públicos. [/i]
-
[i] Todos
los artistas que han pintado escenas de Pekín colocan invariablemente junto a
sus murallas una fila de camellos, y este detalle, que parece rebuscado adorno,
no es más que copia exacta de la realidad. [/i]
-
[i] La
antigua muralla de Pekín es la fortificación más grandiosa y más inútil que
puede encontrarse en el mundo entero. Su anchura va más allá de las
proporciones conocidas. Sin embargo, las fortificaciones de Pekín no
sostuvieron jamás ningún sitio heroico y los invasores las atravesaron con
facilidad. [/i]
-
[i] Antes
el Hijo del Cielo podía ir desde la Ciudad Violeta al Palacio de Verano en
barcas doradas, de las que tiraban grupos de servidores caminando por la
orilla. [/i]
-
[i] Marchamos
dos horas a caballo para ver un grupo de mausoleos de los emperadores Ming. [/i]
-
[i] ¡Es
tan extraordinario vivir en esta población, cuyo nombre aprendemos desde niños,
como algo remotísimo que nunca llegaremos a ver!… La gran ciudad china figura
en nuestras primeras impresiones como un lugar inaudito de absurda lejanía.
Cuando oíamos hablar, siendo pequeños, de alguna persona que se había alejado
para siempre, decían: «Se fue a Pekín», y no era preciso añadir más. Los
hombres de verbo enérgico, para concretar algo que no podría realizarse nunca o
no tolerarían de ningún modo, afirmaban: «Ni aquí ni en Pekín», y todo quedaba
dicho. [/i]
Curiosidades Ciudad Prohibida:
-
[i] Estas
escalinatas imperiales se hallan partidas por su bloque de mármol, acostado en
mitad de los peldaños, que las divide en dos. Tal bloque es lo que se llama
«sendero imperial». Cuando el emperador tenía que ascender por una de aquéllas,
nunca empleaba los peldaños. Éstos eran para sus palaciegos, simples mortales,
a los que era lícito mover las piernas como los demás hombres; el Hijo del
Cielo sólo podía subir por una pendiente. [/i]
-
[i] los
mandarines letrados por los peldaños de la derecha, los mandarines militares
por los de la izquierda— , el Hijo del Cielo ascendía lentamente por el bloque
de mármol intermedio. [/i]
-
[i] La
República ha abierto todas las residencias imperiales, y desde hace catorce
años un nuevo Pekín se ofrece a la curiosidad de los viajeros. La llamada
Ciudad Prohibida puede ser visitada a todas horas en los tres diferentes
recintos que la componen. [/i]
-
[i] El
primero lo designó siempre el pueblo con el nombre de Ciudad Amarilla, a causa
del color de las tejas barnizadas que cubren sus techos. En ella estaban los
ministerios y otros centros de la vida oficial, pudiendo ser visitada por los
extranjeros de distinción. El segundo recinto era la Ciudad Roja, llamada así
por el color de sus muros. Nadie pasaba sus puertas si no pertenecía a la corte
del Hijo del Cielo. En sus construcciones más avanzadas vivían los soldados de
la Guardia del emperador y sus cortesanos. El tercer núcleo, o sea el lugar
central y misterioso donde estaban las habitaciones del soberano y su familia,
se llamaba la Ciudad Violeta, también por el color de sus techumbres. Pocos
entraban en la Ciudad Violeta. Los mandarines importantes y los embajadores
recibidos por el Hijo del Cielo no iban más allá de los patios majestuosos de
la Ciudad Roja. [/i]
-
[i] Por
encima de las murallas de la Ciudad Roja espejean las techumbres de los
palacios imperiales, todas con tejas de laca amarilla, color que únicamente
podía usar el Hijo del Cielo. Una sucesión de nueve patios enormes (siempre el
número simbólico), en torno a los cuales corre una cuádruple fila de edificios,
forma el núcleo de la Ciudad Prohibida. Estos patios se comunican a través de
portadas, sobre mesetas de mármol que tienen por ambos lados amplios graderíos.
Las portadas también son de mármol y constan de tres puertas, estando reservada
la del centro para el emperador y las otras para los mandarines, según su
categoría. Sobre cada una de aquéllas existe un pabellón de madera laqueada y
dorada, con techo amarillo, [/i]
-
[i] Estos
patios, orientados con arreglo a los puntos cardinales, tienen al sur y al
norte las portadas de acceso, a ambos lados de ellas los salones más
importantes, y al este y al oeste galerías, detrás de las cuales existen
almacenes, dormitorios y cuadras. En torno al primer patio vivían los
funcionarios palaciegos más modestos y los jefes de la Guardia imperial. Hay
que advertir que la Ciudad Prohibida contaba siempre con una guarnición de
15.000 infantes y 5.000 jinetes. Todos los nueve patios tienen pavimento de
mármol, y por su centro corre un río atravesado por tres o cinco puentes. Su
extensión es tan enorme que el hombre parece perdido en ella, [/i]
-
[i] En
un tercer depósito se almacenaban las vestiduras de honor que el Hijo del Cielo
regalaba como si fuesen condecoraciones a los funcionarios dignos de tal
recompensa: gabanes de seda, con forros de zorro azul, de cibelina, de armiño.
Otra sala contenía las piedras sin montar del tesoro imperial, diamantes,
amatistas, esmeraldas, mármoles raros, jade de un verde tierno que parece vivir
o veteado de oro, perlas finas pescadas por los súbditos de las provincias
meridionales. El ropero imperial ocupaba un edificio de dos pisos, con armarios
y cofres repletos de maravillosas vestimentas, [/i]
-
[i] En
un sexto depósito estaban las armas, ricas y célebres, tomadas al enemigo, y
otras ofrecidas por los embajadores de los monarcas tributarios... [/i]
-
[i] el
aspecto de este segundo patio en días de gran recepción. Se abre en su parte
norte lo que puede llamarse sala del trono y que los chinos titulan Taeho-Tien
(Sala de la Gran Reunión). En el centro de ella colocaban el asiento del
emperador [/i]
-
[i] Sobre
las cinco mesetas de mármol que se escalonan hasta la Sala de la Gran Reunión
se mantenían derechos miles de mandarines durante el curso de la ceremonia
imperial. En este patio, donde podrían desplegarse cómodamente varios
batallones europeos, formaban los destacamentos de las Ocho Banderas en que
estaba dividido el ejército chino, con sus corazas multicolores, sus yelmos
metálicos en forma de sombrilla, sus lanzas rematadas por anchos alfanjes, sus
mosquetes que tenían por culatas cabezas de dragón, sus vestimentas de tinte
anaranjado o azul [/i]
-
[i] las
Ocho Banderas, emblemas de las antiguas tribus manchúes, amarilla, blanca,
roja, azul o con diversas combinaciones de estos cuatro colores. [/i]
-
[i] En
el fondo, ocupando un lugar secundario y modesto, formaban las tropas de la
Bandera Verde, las más numerosas y plebeyas, que mantenían el orden en las
provincias del Imperio, haciendo oficio de gendarmería. [/i]
-
[i] Mejor
que museo debía titularse lo que se guarda en ellas «colección de riquezas
nacionales que no pudieron robar los representantes de la civilización
occidental». Sus porcelanas son de valor inestimable, piezas antiquísimas que
parecen fabricadas por manos superiores a las del hombre. [/i]
-
[i] ¡Pero
desaparecieron tantas riquezas!… ¡Fueron tan numerosos los robos!… Cada vez que
nos muestran un objeto precioso estúpidamente destrozado, los guardianes del
museo se limitan a decir: —Esto lo hicieron las tropas de las naciones
civilizadas. Y sonríen con una amabilidad irónica. [/i]
Curiosidades Palacio Verano
-
[i] Vemos
las salas de audiencia, la parte del Palacio de Verano que los emperadores
destinaban al mundo exterior. Aquí venían a turbar su vida campestre ministros,
embajadores o virreyes de las provincias [/i]
-
[i] dos
estatuas enormes de bronce, representando un fénix y un dragón, se alzan sobre
pedestales de jaspe con sus bocas abiertas. Según me explica mi acompañante,
que tantas veces pasó por estas habitaciones, las dos bestias esparcían por sus
fauces una nube invisible de perfume mientras duraba la audiencia imperial [/i]
-
[i] vemos
en patios y salones grandes vasos de bronce, verdes y dorados, con una fauna
enroscada de monstruos escamosos. Estos recipientes contenían agua. Los chinos
consideran higiénico tener vasijas de agua en sus habitaciones, por creer que
este líquido purifica la atmósfera tragándose los miasmas. [/i]
-
[i] En
el centro de dicho patio se levanta el escenario, edificio de tres pisos. Los
actores hablaban a gritos, pasando de un piso a otro, según las exigencias
escénicas. Miss Carl me describe las representaciones a que asistió muchas
veces. Duraban un día entero, y en los entreactos comía el público, servido por
el personal de las cocinas imperiales. Tres lados del patio estaban ocupados
por los funcionarios de la corte, los personajes invitados por el emperador y
los mandarines célebres por su sabiduría o sus hazañas guerreras. El lado
restante era para las mujeres de la familia imperial y su séquito de damas.
Varios biombos colocados oportunamente les permitían ver el escenario sin ser
vistas a su vez por la concurrencia masculina. [/i]
-
[i] tiene
todas sus riberas enlosadas de mármol en una extensión de kilómetros y
kilómetros, con balaustradas también de mármol, talladas como un mueble
precioso. Es una riqueza aplastante —no puede llamarse de otro modo— [/i]
-
[i] Sobre
una gran parte de estas riberas se extienden caminos cubiertos, galerías de
madera pintada, que parecen no tener fin. En sus techos hay miles de paisajes
representando los lugares más célebres de la China. Por los frisos corren
procesiones de animales con una variedad infinita. [/i]
-
[i] Todas
las pequeñas montañas son artificiales, hechas a brazo por multitudes innúmeras
de trabajadores. Los palacios y templos de sus cumbres tienen plataformas y
balaustradas de mármol, paredes de porcelana verde, blanca y azul, aleros de
madera tallada con tejas de amarillo oro —el color imperial—, y por el filo de
sus ángulos avanzan hileras de dragones y monos. [/i]
-
[i] Es
el famoso Navío de Mármol. Esta isla en forma de embarcación la hizo construir
uno de los últimos emperadores, colocando sobre su casco de mármol un palacio,
también de la misma piedra. Un puente une la orilla y el buque inmóvil. Cuando
al fin se reunieron los fondos necesarios para construir navíos de combate, el
Hijo del Cielo empezó por dedicar una parte de ellos a su marina del Palacio de
Verano, y creó este buque de mármol. [/i]
-
[i] Visitamos
en lo alto de una montaña artificial el templo de los Diez Mil Budas. [/i]
-
[i] los
directores de sus placeres improvisaban un puerto a orillas de este lago, con
numerosos «juncos» mercantes anclados en sus aguas y todo el caserío de una
ciudad comercial. Los cortesanos se disfrazaban de mercaderes y marinos; las
damas de la corte eran criadas de taberna o desempeñaban peores papeles. El
Hijo del Cielo, vestido como un vagabundo, hacía sus pequeños robos en el
mercado de la ciudad fingida y circulaba por sus peores antros, sin que nadie
se atreviese a reconocerlo. De pronto reñían cuchillo en mano falsos navegantes
y tenderos, chillaban las hembras, acudía la guardia, y así iban
reproduciéndose todas las escenas de los puertos chinos, corrompidos y
pululantes como una gusanera. Este carnaval divertía durante unas semanas al
Hijo del Cielo y a las 80.000 o 100.000 personas que vivían en torno de él. [/i]
-
[i] volaban
sobre sus frondas millares de palomos amaestrados, a los que habían puesto una
flautita debajo de cada ala. Eran animales eólicos que al volar iban dejando
una estela de dulces sonidos, y como las pequeñas flautas tenían diversos
tonos, estos músicos alados poblaban el espacio con las caprichosas armonías de
una orquesta vagorosa. [/i]
Curiosidades Gran Muralla
-
[i] Ocupa
la Gran Muralla una longitud de 600 leguas, distancia mayor que la existente
entre Madrid y París. [/i]
-
[i] por
muchos puntos a la vez, dedicándose a ella millones de hombres. En menos de
ocho años se realizó, venciendo todos los obstáculos naturales, y según cuentan
los historiadores, murieron en esta empresa sobrehumana unos 400.000 hombres.[/i]
-
[i] El
lugar más frecuentado por pintores y fotógrafos se halla a varias horas de
Pekín, empleándose para llegar a él un ferrocarril que va a la Mongolia y tiene
por término la ciudad de Kalgán, situada casi en pleno desierto. [/i] (Kalgan
es el actual Zhangjiakou)
-
[i] Se
detiene el tren en la estación de Chinglungchiao, nombre que no es fácil para
dicho ni para escrito. [/i]
Curiosidades Shanghai
-
[i] Shanghai
es el mayor puerto de exportación e importación del antiguo Imperio Celeste.
Hong-Kong rivaliza con él en movimiento marítimo, pero no es más que un puerto
de tránsito, mientras que Shanghai es puerto terminal. Además, Hong-Kong
pertenece a Inglaterra, y Shanghai es de todos. Figura como ciudad china, y en
realidad sólo una parte de ella es gobernada por funcionarios enviados de
Pekín. El resto se compone de dos extensos distritos que los blancos gobiernan
a su gusto. Uno de ellos es la Concesión Francesa, y el otro, más grande, la
Concesión Internacional, el verdadero Shanghai de los negocios, dirigido por
los cónsules de todos los países, dentro de cuya corporación se hace sentir
naturalmente la influencia de los representantes de las naciones más poderosas
en China, que son Inglaterra y los Estados Unidos. Habitan la Concesión
Francesa los apoderados y agentes de las grandes sederías de Lyon, que
adquieren aquí su primera materia. Además, pasan de 100.000 los chinos que se
han instalado en dicha parte de la ciudad, bajo el amparo de las autoridades
francesas, para librarse de las arbitrariedades de sus mandarines. [/i]
-
[i] Shanghai,
además de ser célebre en todo el Extremo Oriente por sus industrias y el
movimiento de su puerto, hace sonreír a muchos cuando escuchan su nombre, unas
veces con nostalgia, otras con cierta malicia. Es la capital del placer
y el despilfarro. [/i]
-
[i] He
estado poco tiempo en Shanghai y siento el deseo de volver a ella, con
preferencia a otras ciudades conocidas en mi viaje. Tengo el presentimiento de
que estudiándola puede escribirse una de las novelas más interesantes y
originales de la época moderna. [/i]
Curiosidades Guangzhou:
-
[i] Cerca
está Cantón, la más revolucionaria de las ciudades del antiguo Imperio, [/i]
-
[i] Los
comités revolucionarios de Cantón se dedican a organizar huelgas en las
colonias próximas, gobernadas por europeos, y estas huelgas han obtenido hasta
ahora en Hong-Kong un éxito completo y ruidoso. [/i]
-
[i] Cantón
fue la única metrópoli del Extremo Oriente que conocieron durante siglos
europeos y americanos. Pekín permaneció cerrada para el mundo blanco hasta el
último tercio del siglo XIX. Los Hijos del Cielo, deseosos de conservar aislado
su vasto Imperio, habilitaron a Cantón como único puerto en el que podían ser
admitidos los buques de las naciones cristianas. [/i]
-
[i] Durante
cien años los capitanes portugueses monopolizaron el tráfico con Cantón,
llevando a Europa por el cabo de Buena Esperanza sus sederías y porcelanas. Los
españoles adquirían estos mismos artículos en Manila, enviados por los
mercaderes cantoneses, y la Nao de Acapulco los llevaba hasta Nueva España a
través del Pacífico. Fue bien entrado el siglo XVII cuando los ingleses
empezaron a visitar el río de Cantón para cargar en sus naves el té, [/i]
-
[i] Esta
afluencia de buques europeos y americanos fomentó la emigración indígena, y a
ella se debe que todos los chinos esparcidos en el mundo sean de las provincias
del sur y consideren a Cantón como una verdadera capital, con preferencia a
Pekín. [/i]
-
[i] Cantoneses
han sido los chinos más ilustrados de los últimos tiempos. [/i]
-
[i] Como
era lógico, el movimiento republicano que dio fin a la dinastía de los «Muy
Puros», tuvo su origen en Cantón. Pero una vez establecida la República, los
hijos de dicha ciudad se negaron a continuar siendo gobernados desde Pekín,
como en tiempos del Imperio, declarándose independientes y constituyendo la
llamada República del Sur. [/i]
Curiosidades Macao:
-
[i] Macao,
ciudad de vida agradable y juego libre, donde los chinos ricos arriesgan su
dinero al fan-tan y los viajeros blancos pueden admirar los antiguos edificios
de aire señorial, [/i]
-
[i] Sería
vergonzoso haber estado a cuatro o cinco horas de distancia y no visitar la
vieja ciudad donde Camões, desterrado y pobre, compuso su poema inmortal,
pensando en las glorias de la patria lejana. [/i]
-
[i] Antes
de ser dueños de Macao, los marinos de Portugal se establecieron en otra isla
de este estuario llamada Sancian, donde murió San Francisco Javier cuando se
proponía entrar en China como primer apóstol del cristianismo. [/i]
-
[i] Macao,
que fue llamada primitivamente «Ciudad del Santo Nombre de Dios en China» y
luego vio sustituido dicho título por el de Macau, de origen indígena, [/i]
-
[i] Macao
es una península semejante a Gibraltar [/i]
-
[i] puerto
era el mejor de todo el estuario antes de que los ingleses fundasen Hong-Kong,
hace tres cuartos de siglo. [/i]
-
[i] En
el siglo XVI dio el gobierno chino a los portugueses este territorio de unos
pocos kilómetros como recompensa por haber auxiliado con sus buques a las
autoridades de Cantón en lucha contra unos piratas que pretendían apoderarse de
dicha capital. Los holandeses intentaron hacerse dueños de la nueva colonia,
pero fueron menos afortunados que en Ceilán, en Java y otras posesiones del
Extremo Oriente arrebatadas por ellos a los portugueses. El vecindario repelió
sus asaltos, derrotando finalmente a la flota holandesa. [/i]
-
[i] en
el siglo XIX su guarnición sostuvo empeñados combates con los chinos, que
pretendían recobrar la península. Ahora adquiere cada año mayor importancia, y
dentro de poco rivalizará con Hong-Kong, gracias a su nuevo puerto. [/i]
-
[i] este
puerto atraerá a todos los buques que no sean ingleses, por estar más cerca de
Cantón que el de Hong-Kong. [/i]
-
[i] Macao
no goza fama de ser un lugar de virtudes, más no por eso debe considerársele
peor que los otros puertos del Extreme Oriente. Se diferencia de ellos en que
los defectos de la vida china están aquí reglamentados, y por ello más a la
vista que en las demás ciudades. Esta reglamentación sirve para que el viajero
pueda verlos más directamente y con mayor seguridad al hallarse todos ellos
bajo la vigilancia de la policía. [/i]
-
[i] La
pequeña península de Macao, sin más tierra que la de sus paseos ni otra
industria que su puerto, sólo ha podido vivir imponiendo contribuciones
públicas a los vicios de la población china. [/i]
-
[i] El
gran vicio chino es el juego, y en Macao es libre. [/i]
-
[i] El
juego favorito de los chinos se llama el fan-tan. [/i]
-
[i] Los
portugueses de Macao no merecen las censuras hipócritas que les dedican otras
colonias europeas de Asia. Nunca ha impuesto Portugal a cañonazos el consumo de
la citada droga, como Inglaterra, que hizo en 1842 la llamada «guerra del
opio». Los mercaderes de Macao la venden a los buques que vienen a buscarla, y
esta operación comercial proporciona un ingreso al Tesoro público. [/i]
Curiosidades históricas
-
[i] Hace
cuatro meses fue asaltado un tren entre Pekín y Shanghai, y los bandidos
secuestraron a los que iban en él (europeos y norteamericanos), para exigir
grandes rescates. El gobierno, después de este suceso, se preocupa de vigilar
las líneas férreas. No quiere que se repitan las reclamaciones diplomáticas;
teme que el Japón aproveche tales incidentes para insinuar una vez más la
conveniencia de que China le ceda la custodia de sus ferrocarriles. Esto
traería como primer resultado el establecimiento de tropas japonesas dentro del
territorio chino: una invasión disimulada igual a la de Manchuria. [/i] à Justo esto acabó pasando (Japón hizo un
ataque de falsa bandera para justificar su invasión, el incidente de Mukden en
1931.
-
[i] Ni
Grecia ni Roma tuvieron noticias de la civilización que se iba desarrollando,
con muchos siglos de adelanto sobre ellas, al otro lado de la barrera formada
por el Asia Menor, la Persia, la India y los mares misteriosos. [/i]
-
[i] Miss
Catalina Carl es una pintora notable de los Estados Unidos y la única dama de
occidental que vivió en los palacios imperiales de la China [/i]
-
[i] Tan
satisfecha quedó la emperatriz de miss Carl, que años después le pidió que
hiciese un segundo retrato de ella. Estas dos obras adornan los salones más
grandes del Palacio de Verano. [/i]
-
[i] el
pabellón quinticolor de la China revolucionaria: rojo, amarillo, azul, blanco y
negro. La República hace gran ostentación de su nueva bandera, como si esto
bastase para modernizar a un país que hasta hace poco no conocía otro símbolo
patriótico que los dos dragones heráldicos de sus emperadores. [/i]
-
[i] Indudablemente
la joven República vive en un estado anárquico. El gobierno de Pekín apenas si
se ve obedecido en una menguada parte del territorio nacional, y sería
menospreciado generalmente de faltarle el apoyo que le conceden los Estados
Unidos e Inglaterra. Existen dos Repúblicas: la del norte, que es donde
estamos, y la del sur, o sea la de Cantón, dirigida por el doctor Sun Yat-sen
[…] Pero la anarquía actual no pondrá en peligro de muerte a esta vastísima
nación. China ha pasado en su historia de cincuenta siglos por períodos más
tremendos [/i]
-
[i] La
China saldrá de esta crisis. Es un país antiquísimo y al mismo tiempo
eternamente joven, pues tiene el poder de renovarse gracias a la vitalidad de
sus muchedumbres. Hasta los mayores detractores del chino reconocen su
sobriedad, su valor para sobrellevar las privaciones de la pobreza, su
entusiasmo en el trabajo. Ningún pueblo de la tierra está mejor dotado para
amoldarse a los climas más extremos, soportando lo mismo los fríos de Siberia
que los ardores del trópico. El gran geógrafo Reclus veía en los chinos y en
los españoles los dos únicos pueblos aptos naturalmente para la colonización, a
causa de la variedad geográfica de sus respectivos países, que les permite
adaptarse a las diversas temperaturas del globo. [/i]
-
[i] Observan
los Estados Unidos con la China una política en la que van mezclados el egoísmo
comercial y cierto romanticismo democrático. Su industria ve un inmenso mercado
de exportación en este país de quinientos millones de seres. Su gobierno
procura atraérselo por medio de la gratitud, y para ello le protege
abiertamente de las ambiciones conquistadoras del Japón [/i]
-
[i] antes
de medio siglo podrá tener verdadera República, sólidamente cimentada y
ordenada, algo que tendría derecho a titularse los Estados Unidos de Asia. [/i]
-
[i] Los
Estados Unidos, para evitar el tan famoso «peligro amarillo» y al mismo tiempo
por el romanticismo democrático mencionado antes, procuran que las demás
potencias dejen en paz a la República china y ésta se vaya reformando
lentamente por sí sola hasta crearse, sin injerencias extranjeras, el alma
moderna que aún no posee. [/i]
Marco Polo
-
[i] Cuatro
grandes héroes tiene la Geografía: Alejandro, que llevó la influencia griega
hasta el Ganges; Marco Polo, Colón y Magallanes. [/i]
-
[i] Marco
Polo fue un personaje en el Pekín de hace siete siglos, que se llamaba entonces
Cambaluc (la Ciudad del Señor), y él titula en su libro Gran Ciudad del Catay. [/i]
-
[i] Luego
los incrédulos y los maldicientes hicieron materia de dudas y bromas estas
historias de un mundo lejano, y muchos de sus compatriotas acabaron por
apodarle «Micer Millones». [/i]
-
[i] Estando
en la cárcel por haber caído prisionero de los enemigos de Venecia en una
batalla naval, escribió la crónica de sus viajes a través del Asia. En sus
últimos días, al hablar melancólicamente de la incredulidad de sus
contemporáneos, afirmó no haber puesto en su libro ni la décima parte de las
maravillas vistas por él. [/i]
-
[i] Él
hizo conocer al Preste Juan de las Indias, rey misterioso del que tanto se
ocuparon los autores medievales; él lanzó los nombres de Catay y Cipango para
designar la China y el Japón; él fue el primero en describir como testigo
visual las riquezas del Gran Kan y sus palacios de Pekín. [/i]
-
[i] El
libro de un explorador que vivió en Pekín a fines del siglo XIII sirvió para
que dos siglos después otro aventurero genial, con tres puñados de españoles
sobre tres barquitos, fuese en busca del Japón y la China por el lado de
poniente, aprovechando la redondez de la tierra. [/i]
-
[i] las
montañas de Catay. Rodrigues y yo recordamos a Marco Polo. El nombre de Catay
lo aplicó el célebre viajero a la China entera, y durante siglos el mundo
cristiano dio el título de unas montañas del sur a todo el vasto Imperio
gobernado por el Gran Kan. [/i]
Literatura:
-
[i] El
frío, maestro de humildad. [/i]
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[i] Lo
admirable de estas vasijas gigantescas, desfiguradas por la rapacidad de los
invasores, es su timbre sonoro. Basta dar en ellas con los nudillos para que
salga de sus entrañas una vibración misteriosa y ultraterrena, un eco que hace
recordar las melodías planetarias imaginadas por los pitagóricos. [/i]
-
[i] los
personajes soberbios de la Historia, al construir monumentos que se imaginan
inmortales, trabajan para el cuervo, la araña, el lagarto y la hiedra, sus
herederos forzosos. [/i]
-
[i] Si
me preguntan cuál es la sensación más honda y duradera de mi viaje alrededor
del mundo, tal vez afirme que el viaje de Macao a Hong-Kong, sobre un mar
dormido como una laguna, bajo la cúpula de una noche esplendorosa, con el
incentivo de marchar en el misterio, costeando peligros y casi al ras de las
aguas.[…] Ha surgido la luna sobre el lomo oscuro de una de tantas islas. Es
simplemente un cuarto creciente, pero la vigorosa luz traza un ancho camino de
lácteo resplandor sobre la llanura lóbrega moteada de rojo por las lucecitas de
los juncos. Las estrellas son tantas en este cielo tibio, que al levantar la
cabeza para verlas, parpadean los ojos cual si lloviese sobre ellos polvo de
luz. Detrás de la popa huye el camino lunar, ondeado por el cabrilleo de las
aguas. Este camino forma un triángulo. Se estrecha hasta unir sus dos bordes en
el límite del horizonte y sobre este vértice asoma a intervalos un diamante
rojo que lanza contados centelleos, siempre los mismos, y vuelve a ocultarse en
momentáneo eclipse: el faro de Macao. Ofrece la proa un espectáculo más extraordinario
al deslizarse por sus dos flancos el agua partida en espumas. ¡Las
fosforescencias del mar chino!… [/i]
-
[i] Yo
siento por el pueblo chino el respeto que merece un glorioso antepasado.
Recuerdo la emoción de Goethe, a los ochenta años de edad, leyendo en su retiro
de Weimar una novela china de fábula sana, con descripciones tan frescas y
vivientes como las de una obra moderna. —¡Y pensar —decía asombrado el poeta—
que esta novela fue escrita hace 3000 años, cuando muchos de los hombres de
Europa acampaban aún en los bosques! [/i]
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