Sunday, 24 August 2025

China: Vicente Blasco Ibañez

 

He llegado a esta obra leyendo ‘La ciudad antes del Mar’ de mi antiguo profesor Claudio Feijóo y no consigo entender cómo no he podido conocerla antes. Es una pasada. No había leído nada antes de Vicente Blasco Ibañez y desconocía completamente su trabajo como periodista. Este libro no es una obra propiamente dicha si no que es una de las numerosas partes de las que se compone su relato ‘La vuelta al mundo de un novelista’ que el autor publicó en 1924 por motivo de su viaje por el mundo entre 1923 y 1924. La casualidad ha querido que me haya topado con este libro prácticamente 100 años después de que se escribiera y 10 años después de que yo me mudara al país asiático (¡ojalá haberlo leído antes!). El libro es el reflejo de una mirada exquisita con una lenguaje pulcro y cuidado. La época en que el autor visita China coincide con uno de los episodios especialmente interesantes del país, donde tras más de dos milenios de concatenación de dinastías de emperadores, China se convierte por primera vez en una república en su historia. En una república disfuncional eso sí, secuestrada por las potencias extranjeras y donde gran parte del territorio está en manos de los conocidos como señores de la guerra. Es por eso de gran valor este testimonio del autor, que nos ofrece en esta obra una visión muy nítida de una etapa muy complicada de entender, paseándose por los lugares claves, a saber:

-         -    Manchuria, de facto bajo dominio Japonés

-        -     Pekín, bajo el gobierno de Beiyang, legitimado por las potencias extranjeras

-        -  Shanghai, enclave internacional de las potencias extranjeras

-         -   Cantón (Guangzhou), bajo el dominio del partido nacionalista Kuomingtang de Sun Yatsen, cuyo sucesor Chiang Kai-shek unificará el país cuatro años después de este viaje (unificará relativamente, teniéndose en cuenta la guerra civil con los comunistas y la invasión japonesa)

-       -      Hong Kong, bajo dominio Inglés

-       -      Macao, bajo dominio portugués

 

Me emociona especialmente el capítulo de Pekín, donde gracias a las descripciones del autor he podido realizar un viaje en el tiempo espectacular. Conociendo gran parte de los lugares que el autor describe, ha sido muy enriquecedor rememorar mis propios recuerdos desde otro punto de vista más antiguo. Ya sólo por este regalo el libro me merece la mejor de las críticas.


Curiosidades China

-            [i] El pueblo bajo va en China invariablemente vestido de lienzo azul; [/i]

-            [i] Los más conservan la coleta que la República china ha suprimido en Pekín y otras poblaciones importantes. [/i]

-            [i] Más de una cuarta parte de la inmensa China se halla ocupada por tumbas. Además, éstas son eternamente sagradas y no hay gobierno que se atreva a tocarlas. Una de las dificultades mayores con que tropiezan los occidentales al construir ferrocarriles es la imposibilidad de expropiar una tierra que tenga sepulcros. Algunas veces se ven obligados a desviar la línea férrea con absurdos rodeos porque los descendientes de unos chinos que murieron hace tres o cuatro siglos se niegan a remover las sepulturas de éstos. [/i]

-            [i] Alguien ha definido a este país diciendo que es una aglomeración de quinientos millones de vivos, aterrados por la presencia de miles de millones de muertos. [/i]

-            [i] Con frecuencia, el adivino designa como lugar favorable para la futura tumba el campo de algún amigo suyo, y los herederos se ven obligados a adquirirlo a un precio fabuloso. [/i]

-            [i] Los dioses, según ellos, sólo habitan la atmósfera. Son Feng (el Viento) y Shui (el Agua) [/i]

-            [i] creencia tradicional que el vivir en piso alto atrae las enfermedades, y manteniéndose en contacto a todas horas con la tierra se reciben efluvios misteriosos que vigorizan la salud. [/i]

-            [i] Los pequeños y ligeros edificios superpuestos deben ser forzosamente en número impar: cinco o siete por regla general. Los chinos aborrecen el número par y lo evitan en todas sus obras.  [/i]

-            [i] Han desaparecido casi por completo los palanquines, como ocurrió en las ciudades japonesas. La ricsha, más ligera y que sólo exige un hombre para su manejo, ha democratizado la circulación. […] Algunos misioneros norteamericanos, viejos y achacosos, al establecerse en el Japón en 1860, se hicieron llevar por naturales del país en carruajitos de tal especie. Los japoneses se apropiaron la innovación, creando la koruma, y del Imperio del Sol Naciente han copiado el uso de su ricsha los chinos y otros pueblos asiáticos. Antes sólo podían ir en palanquín los mandarines y los comerciantes ricos; ahora todos los chinos que gozan de un pequeño bienestar usan la ricsha. [/i]

-            [i] conserva por tradición el mismo corte de traje en los diversos grados sociales. La importancia de las personas se aprecia únicamente por la riqueza de las telas que usan. La elegancia y el rango de cada uno se concentra en el gorro o solideo que cubre su cabeza. En él se exhiben los signos honoríficos, iguales a las condecoraciones que los mandarines civiles de Europa se colocan sobre el pecho en forma de cruces y los mandarines militares sobre los hombros en forma de charreteras. Cada tocado indica la categoría de su portador por medio del botón que lo termina. Unas veces el botón es de seda, otras de oro o de piedras preciosas, abarcando su simbolismo todas las dignidades, hasta las puramente literarias. [/i]

-            [i] los mandarines letrados, para demostrar su alejamiento de los trabajos materiales, se dejaron crecer hasta hace poco las uñas de sus manos. Sólo las exhibían en días de ceremonia, guardándolas el tiempo restante metidas en fundas de bambú.  [/i]

-            [i] El juego es la gran pasión del populacho, desarrollándose este vicio especialmente en las provincias del sur. La diversión que más le entusiasma, los fuegos artificiales. [/i]

-            las tres felicidades más grandes que puede obtener un chino: un heredero, un empleo público y una vida larguísima, simbolizados por las figuras de un niño, un mandarín y una cigüeña.

-            [i] Una de las primeras reformas de la República fue abolir la bárbara costumbre que estropea los pies de las mujeres para hacerlos extremadamente pequeños.[…] Esta deformación no es de origen antiquísimo, como se imaginan algunos. Data del siglo X, y no se comprende cómo pudo generalizarse en tan vasto Imperio. Los invasores tártaros tuvieron el buen sentido de no imitar dicho uso de los vencidos, y sus mujeres, nueva aristocracia del país, dejaron crecer sus pies en libertad, sin considerarse por ello menos hermosas que las chinas tradicionales. […] Todos saben cómo se realiza esta tortura, obligando a las niñas a usar diminutos zapatos de metal, que sólo abandonan cuando son mujeres. Los dedos se doblan y se anquilosan, quedando adheridos a las plantas de los pies, y éstos no son al fin más que dos muñones dentro de un calzado que por su forma redonda se asemeja a las pezuñas de ciertos animales. […] Avanzan con igual movimiento que una persona montada en zancos; parece que sus rodillas no pueden doblarse; se balancean con un contoneo grotesco, semejante al del pato. Y sin embargo, los poetas chinos han cantado en el curso de los siglos este andar torpe, comparándolo con los balanceos de la flor, con el sauce llorón, etc. […]esta estúpida amputación pedestre anquilosa la pantorrilla femenil, haciéndola de una delgadez esquelética, pero en cambio engruesa el muslo y sus vecindades superiores, particularidad plástica que parece muy de acuerdo con la estética china. [/i]

-            [i] Las mujeres chinas son más grandes que las del Japón. Algunas de ellas, a no ser por sus ojitos oblicuos, pasarían por europeas [/i]

-            [i] Emplean el negro para dar a sus cejas la forma de un semicírculo y se colocan una mancha de bermellón en el labio inferior.[/i]

-            [i] En las carnicerías venden gatos y perros, que, según afirman los conocedores, fueron cebados con arroz, estando sujetos a una argolla día y noche para su engorde. [/i]

-            [i] las ratas, libres de enemigos, se multiplicasen de un modo peligroso, también las venden en los mismos establecimientos, desolladas y formando manojos de a docena, unidas por los rabos. [/i]

-            [i] Los republicanos chinos son indiferentes en materias religiosas o profesan la filosofía de Confucio, el más alto personaje nacional. [/i]

-            [i] Las ideas generosas del dulce Gautama se modificaron al ser interpretadas por numerosas generaciones de sacerdotes profesionales, y hoy no son más que un pretexto para ceremonias. Estos monjes del budismo han perdido de vista a Buda. Sólo conocen los actos del rito y los repiten automáticamente, sin sospechar su significado. [/i]

-            [i] De los quinientos millones de seres que pueblan este país, muy pocos recuerdan los nombres de sus emperadores, ni aun los de aquellos que figuran gloriosamente en su historia. Pero ninguno ignora quién fue Kung-Tsé, nombre chino de Confucio. [/i]

-            [i] En este país, donde cargos y honores no son transferibles, y los herederos de los mandarines más poderosos vuelven a sumirse en las últimas capas sociales si no logran a su vez conquistar por el estudio y el examen la posición de sus padres, la única nobleza reconocida es la de los descendientes de dicho filósofo. [/i]

-            [i] La República, que se muestra ajena a todas las religiones del país, ha acrecentado aún más la fama de Confucio, tributándole un culto nacional. En ningún pueblo se vio jamás rendir tales honores a un moralista, conservándole su condición simple de hombre, sin pretender convertirlo en hijo de Dios. [/i]

-            [i] el pueblo chino, a pesar de su rutinarismo, fue siempre el más respetuoso para la inteligencia, y este respeto viene durando miles de años, sin ningún eclipse. [/i]

-            [i] Los antiguos ejércitos chinos hasta tenían una organización literaria. Los jefes y oficiales se titulaban, según sus grados, «doctores en armas» y «bachilleres». [/i]

-            [i] Mostraron los emperadores tártaros gran empeño en dar el primero de los lugares a los «graduados en armas», pero no pudieron conseguirlo. La opinión pública estableció siempre una diferencia entre los doctores civiles y los doctores militares, respetando más a los primeros [/i]

-            [i] Muchos siglos antes de Cicerón, este pueblo había puesto en práctica su Cedant arma togae.  [/i]

-            [i] El fondo del llamado taoísmo es una filosofía que recomienda el anonadamiento de las pasiones materiales, el alejamiento de los placeres del mundo, la contemplación de la naturaleza divina para confundirse con ella, como las aguas de una fuente vuelven al mar del que proceden. [/i]

-            [i] Laotsé se preocupó más del hombre que de la humanidad [/i]

-            [i] La filosofía moralista de Laotsé resulta estéril para la felicidad común. Confucio, por el contrario, pensó en la sociedad más que en el hombre, fundando aquélla sobre las leyes de la más generosa moral. Para él, la virtud no consiste únicamente en abstenerse de acciones condenables. Hay que ser útil además a los otros seres, contribuyendo activamente a la felicidad de todos. [/i]

-            [i] El uno considera la civilización como causa de la decadencia del género humano; el otro la acepta como el mayor destino del hombre sobre la tierra. El primero se pierde en las profundidades de la metafísica, el segundo propuso leyes y costumbres, muchas de las cuales rigen hoy la vida superior del pueblo chino. Laotsé fue un gran filósofo, Confucio un gran legislador. [/i]

-            «Responde al mal con la justicia y a la bondad con la bondad.» Así habló Laotsé cuando aún faltaban seis siglos para el nacimiento de Jesús. «Trata a los demás hombres como tú deseas que te traten a ti.» Esto lo dijo Confucio quinientos años antes de la era cristiana.

-            [i] Mientras en los otros países se dedicaban templos a dioses imaginarios y muchas veces crueles, la nación china los elevó a un simple hombre, porque fue apóstol de la dulzura humana; de la moral y la virtud. [/i]

-            [i] El confucionismo es la religión de los letrados; el taoísmo y el budismo, religiones del pueblo, cuentan sus fieles por centenares de millones. Las tres se asocian fraternalmente, tomándose unas a otras doctrinas y ritos y absteniéndose de todo proselitismo. [/i]

-            [i] Tampoco aman a los chinos musulmanes, a causa de su insurrección en 1856, que duró nueve años. [/i]

-            [i] Los emperadores, respetuosos siempre para las varias religiones de sus súbditos, sólo rendían culto al cielo y manifestaban además un agradecimiento místico a la tierra arada, sustentadora de la nación. [/i]

-            [i] El mismo emperador, que ofrecía con sus manos un tributo a los dioses celestes en el solsticio de invierno, celebraba otra ceremonia religiosa al llegar la época en que son aradas las tierras. En presencia de sus cortesanos y con todo el aparato de un acto de gobierno, el Hijo del Cielo empuñaba la esteva de un arado amarillo al que iban uncidos dos bueyes con cuernos dorados y labraba un trozo de campo sin ayuda de nadie, sembrándolo después. [/i]

-            [i] Estos agricultores intensivos se preocuparon de los abonos hace miles de años, cuando nadie en nuestro mundo tenía la menor idea de lo que pudiera ser un fertilizante. Y de todas las materias que reconstituyen y tonifican las fuerzas germinativas del suelo, la más preferida por ellos es la de procedencia humana. [/i]

-            [i] todas las plantas de sus admirables huertas tienen al pie invariablemente algo que pasó por una letrina.  [/i]

-            [i] En los hoteles importantes de Pekín y otras ciudades, los directores, para tranquilidad de la clientela, fijan un anuncio en el vestíbulo afirmando rotundamente que todas las hortalizas preparadas en su cocina proceden de terrenos propiedad del establecimiento cultivados a estilo europeo. Ríe el chino de los escrúpulos y ascos de la gente occidental. [/i]

-            [i] Como el abono humano es el más apreciado de todos, el acto de producirlo no representa algo vergonzoso e inmundo, como en nuestros países, desarrollándose públicamente con la mayor tranquilidad [/i]

-            [i] Todo agricultor se preocupa de instalar en sus campos una letrina cerca del camino para que la use el viandante. [/i]

-            [i] el Hijo del Cielo vivió durante siglos y siglos, dentro del mundo asiático, más poderoso y obedecido que ningún monarca lo fue en Occidente. No había pueblo del viejo mundo que no reconociese su autoridad y temiera sus ejércitos innumerables. El Japón fue el único que se libró de tal vasallaje, por su posición insular y por los caprichos oceánicos que destruyeron todas las flotas chinas llegadas a sus costas. El cruel Timur, o sea el famoso Tamerlán, terror y azote de tantos pueblos, se declaró feudatario del Gran Kan residente en Pekín. [/i]

-            [i] El pueblo chino ha cometido crueldades, como todos los pueblos de la tierra, pero muchas menos que las imaginadas por la ignorancia occidental.  [/i]

-            [i] Hemos mencionado ligeramente algo de lo ocurrido durante la última entrada en Pekín de las tropas civilizadoras. En otra expedición militar emprendida en tiempos de Napoleón III por un ejército de ingleses y franceses, el robo de los palacios imperiales resultó inaudito. Casi todas las riquezas de arte chino existentes en Europa datan de aquella invasión de bandidos civilizados. [/i]

-            [i] la artillería de las citadas tropas se instaló en el primitivo Palacio de Verano, cerca de Pekín, y la explosión intencionada o casual de un depósito de pólvora hizo desaparecer instantáneamente este monumento célebre del arte chino. [/i]

-            [i] Otra intervención anterior de Inglaterra, en la primera mitad del siglo XIX, que le permitió adueñarse de Hong-Kong, aún fue más vergonzosa. Los gobernantes chinos, para librar a su pueblo del envilecimiento del opio, prohibieron el consumo de dicha droga. Los ingleses siguieron entrándola de contrabando, porque así convenía a su comercio, y como el virrey de Cantón embargase varios cargamentos, echándolos al agua, la piadosa y liberal Inglaterra envió sus batallones y sus navíos contra el gobierno del Hijo del Cielo para defender una vez más la civilización… y la venta del opio. —Nosotros los salvajes —repiten sonriendo los chinos. [/i]

-            [i] Gobernaba su vastísimo imperio sin haber visitado ninguna de sus ciudades. Todo lo sabía de oídas, según se lo habían contado sus mandarines. Cuando atravesaba la capital una vez al año para ir al Templo del Cielo con el joven emperador, o al trasladarse desde su residencia de invierno en Pekín al Palacio de Verano, no le era posible ver a su pueblo. Calles y caminos quedaban desiertos desde un día antes. Los chinos sabían que era delito, pagado con la cabeza, todo intento de conocer a sus soberanos. [/i]

-            [i] los monarcas más invisibles de la tierra. Nadie como ellos supo buscar la paz y la dulzura de la vida. Fueron pastores de hombres, destinados por herencia a regir los rebaños más numerosos del mundo, y sin embargo vivieron alejados de sus semejantes, como si perteneciesen a otra humanidad, en un paraíso artificial moldeado egoístamente con arreglo a sus caprichos. [/i]

-            [i] Los chinos, tan extraordinariamente tildados de crueles, resultan incomprensibles muchas veces por su dulzura y su tolerancia, virtudes que les permiten encontrar una solución agradable a los conflictos más enrevesados. [/i]

-            [i] En China, los republicanos, después de su triunfo, dejaron en paz al joven emperador para que continuase viviendo lo mismo que antes. Y como en realidad el monarca no había salido nunca de la Ciudad Prohibida, ni gobernado otra cosa que su vivienda —los ministros lo hacían todo en su nombre—, debe pensar a estas horas que la República no se diferencia mucho del antiguo regimen. [/i]

-            [i] En este país extremadamente viejo, decano de todas las naciones actuales, no abundan los monumentos que puedan llamarse antiguos. Templos y palacios sólo alcanzan una vida de contados siglos. Lo eterno es la China, su historia y sus costumbres. El alma del país perdura inmutable a través de miles de años. La exterioridad de las cosas resulta transitoria y ha sufrido muchas renovaciones. [/i]

-            [i] todos con zapatillas afieltradas, de pie negro y caña blanca, que son el calzado nacional. [/i]

-            [i] Esta flojedad, incomprensible en hombres que aprecian la vida menos que nosotros y parecen más acostumbrados a sufrir el dolor físico, sólo puede explicarse teniendo en cuenta que el chino, por regla general, es más astuto e inteligente que el blanco. Sabe demasiado para ser militar; tiene una experiencia de varios miles de años a su espalda, y las expresiones sonoras «patria», «gloria», etc., que en otros países empujan a los hombres a la muerte, no despiertan en él grandes entusiasmos. Su positivismo le hace pensar que los provechos de la victoria serán para sus jefes y no para él. Sabe que si queda inválido no recibirá ninguna recompensa digna de tan enorme desgracia. Pero el porvenir es una sucesión de sorpresas, y ¡quién sabe lo que hará en el futuro este pueblo de quinientos millones de seres!… [/i]

-            [i] Los chinos, como todos los pueblos de un gran pasado histórico, miran con superioridad a los países que estuvieron bajo su dependencia, política o intelectual. Como los japoneses fueron sus discípulos y los vapulearon hace treinta años en una guerra, se vengan de ellos llamándoles «los enanos». Pero es indudable que si las potencias europeas y los Estados Unidos no se preocupasen de mantener la independencia de la República china, «los enanos» habrían aprovechado cualquier pretexto para llegar hasta Pekín —sólo están de él a veinticuatro horas de ferrocarril—, barriendo con facilidad todo este ejército azul y blanco, de zapatillas silenciosas [/i]

-            [i] El adorno escultórico de los cementerios ricos es siempre el mismo: una gran tortuga de piedra que lleva sobre el lomo un obelisco o una torre de pagoditas superpuestas. Esta tortuga, emblema de una larga vida, con la pareja de dragones imperiales y el ave fénix, constituye el grupo principal del simbolismo chino. [/i]

-            [i] Lo que constituyó en vida el lujo del difunto debe seguirle más allá de la tumba.  [/i]

-            [i] Y los muebles, las armas, los automóviles, los animales domésticos, son todos de cartón, construidos por notables artífices que reproducen el original con una escrupulosidad puramente china, sin olvidar detalle.  [/i]

-            [i] Las cosas no son simples y uniformes como se las imaginan los espíritus dados a la generalización. En nuestra vida todo resulta complejo, y las más de las veces contradictorio e inexplicable para nuestros sentidos. La China no es un pueblo uniforme; existen dos Chinas: una la tradicional, que todos conocen, la China milenaria de los biombos, con ceremonias enrevesadas hasta la puerilidad y supersticiones distintas a las nuestras. La otra es el inmenso pueblo chino, agrupación humana la más dispuesta al trabajo, que soporta alegremente la fatiga y siente en todo momento el ansia de saber. El deseo del chino es ganarse la subsistencia, aunque sea trabajando catorce o dieciséis horas al día, y apenas queda libre aprovechar su descanso para aprender. Ningún comerciante del mundo puede compararse con él por su inteligencia despierta, ávida de novedades y ágil para salvar obstáculos. [/i]

-            [i] Como en esta tierra pudieron los pobres, durante 5000 años, subir a los más altos puestos del Estado gracias al estudio, las biografías de sus letrados más célebres contienen ejemplos de una tenacidad heroica para adquirir la instrucción [/i]

-            [i] Los mandarines letrados que adquieren sus títulos en la ciudad literaria de Nankín se consideran superiores a los demás. Aquí se producen la mejor tinta china y el papel más fino; aquí están las imprentas que publican los libros más bellos. [/i]

-            [i] La palabra «mandarín» es portuguesa. Como los portugueses fueron los primeros marinos de Europa que visitaron los puertos de China, al anclar en Cantón llamaron «mandarines» a todos los funcionarios del país que ejercían algún «mando» sobre sus compatriotas.  [/i]

-            [i] Nadie sabía aquí el nombre de un país llamado España. Como el comercio chino lleva tres siglos de negocios con Manila, capital de la isla de Luzón, España fue llamada hasta hace poco «la Gran Luzón», y todavía los mandarines de Shanghai y otros puertos usan dicho título al dirigirse a nuestros cónsules. [/i]

-            [i] más famosa de todas es la escrita por Shi Nai’an, novelista del siglo XII. Este Shi Nai’an es el Walter Scott chino; pero a pesar de que su fecundidad fue tan grande como la del célebre novelista escocés, sólo ha dejado una obra única, que se titula Historia de las riberas de un río. [/i]

 

Curiosidades Arquitectura

-            [i] muchos que han estudiado su arquitectura reconocen en todas sus construcciones —palacios, templos, torres o casas particulares— una imitación de la tienda de campaña habitada por sus ascendientes. [/i]

-            [i] Las techumbres, negras o de tejas barnizadas, son eternamente cóncavas, como la cubierta de lona de la tienda, [/i]

-            [i] Las columnas, siempre de madera, carecen de capiteles y basamentos, aunque el edificio se halle revestido con pomposa riqueza. Están cubiertas de laca y oro, pero son iguales de arriba abajo, sin ningún adorno saliente, como los postes que forman el andamiaje interior de los campamentos. [/i]

-            [i] Los ángulos de las techumbres se encorvan hacia arriba, lo mismo que los extremos de la tienda, sostenidos por lanzas. [/i]

-            [i] Son muchos los que aún creen en la actualidad que sus ascendientes dieron figura de cuerno a los remates de los aleros para dejar más espacio a los espíritus del Agua y del Aire, señores de nuestra existencia. [/i]

-            [i] teniendo por únicos materiales la madera y el azulejo. El mármol y el granito se reservan para los basamentos de las construcciones, para las escalinatas con barandillas admirablemente cinceladas, para los puentes de atrevida joroba, para los pavimentos de los patios, encerrados entre cuatro hileras de edificios y por cuyo centro se desliza un curso de agua. [/i]

-            [i] Al ser de un solo piso, las casas están compuestas de numerosos pabellones separados por patios y jardines. Los chinos son los únicos en el Extremo Oriente semejantes a nosotros por su mueblaje. Se sientan en sillas y no en el suelo, comen sobre una mesa, duermen en camas. En sus salones, el gran lujo son los biombos. Sus diversas hojas contienen paisajes y escenas de la vida ordinaria, pintados con minuciosa observación. En todas las viviendas de alguna comodidad, los pisos tienen debajo de ellos tubos de piedra que transmiten el calor de una hoguera encendida en el subterráneo [/i]

-            [i] Una contradicción artística de este pueblo. Ama las líneas simples en su arquitectura; algunos de sus edificios célebres parecen diseños geométricos, y en cambio muestra horror por la línea recta cuando fabrica muebles y objetos de lujo. Talla la madera y los metales con ondulaciones reptilescas. Los contornos de sillas y mesas parecen estar formados con una interminable curva vermicular. El eterno modelo es un dragón, con sus enroscamientos escamosos. [/i]

-            [i] Los edificios de Occidente, hechos de piedra, adquieren con el abandono y la ruina un aspecto sombrío y majestuoso. Las construcciones asiáticas, compuestas de mármol cincelado que toma a través de los siglos un tono de marfil con caries, de ladrillos vidriados, de tejas coloreadas y barnizadas, de maderas que se desconchan dejando caer escamas de laca y de oro, hacen pensar en una momia de las que mantienen sobre su costillaje, al quedar expuestas a la luz, harapos bordados, restos de afeites, perfumes corrompidos, joyas empañadas por la tierra y los zumos cadavéricos. [/i]

-            [i] Las columnas pierden sus estucos rojos y se motean de blanco con la viruela de la vejez. [/i]

 

Curiosidades de Pekín

-            [i] La forma geométrica de Pekín. La ciudad china, la ciudad tártara y la ciudad prohibida. [/i]

-            [i] en el sur, hay un rectángulo más ancho que alto, que es la ciudad china. Encima un cuadrado perfecto, la ciudad tártara, y en el centro de ella un segundo cuadrado, la ciudad imperial. [/i]

-            [i] el Gran Kan levantó al lado de la antigua Cambaluc, o sea la ciudad china, la actual ciudad tártara, repartiendo los solares entre sus feudatarios más adictos. De tal modo, sus herederos vivirían rodeados siempre por los nietos de los antiguos conquistadores, sirviéndoles éstos de guardia y defensa. [/i]

-            [i] Hace ya muchos años que estas denominaciones no son más que recuerdos históricos. Las familias chinas y tártaras se han mezclado por enlaces matrimoniales y viven indistintamente en una o en otra ciudad. [/i]

-            [i] Esta cuarta ciudad es el llamado barrio de las Legaciones, por vivir en él los representantes diplomáticos y todos los occidentales residentes en Pekín. Es como un Estado independiente dentro del corazón de la China. Hasta tiene un ejército internacional para su defensa, y en el interior de sus fronteras no rigen las leyes ni las autoridades del resto del país. [/i]

-            [i] la influencia norteamericana creó el Gran Hotel de Pekín, edificio enorme, a semejanza de los de Nueva York, [/i]

-            [i] Robos y homicidios abundan menos que en la mayoría de las capitales de Europa. [/i]

-            [i] Jamás ha sentido la inquietud del miedo. No todos pueden decir lo mismo en la mayoría de las ciudades de Occidente, más peligrosas y desiertas después de medianoche que los senderos de una selva. [/i]

-            [i] En el extremo norte de Pekín, cerca de la muralla de la Ciudad Tártara, esparce sus diversos edificios el templo del Gran Lama [/i]

-            Mientras duró el Imperio, el templo del Gran Lama y su seminario de bonzos fueron tan cerrados y hostiles al extranjero como la Ciudad Prohibida. Con el triunfo de la República, llegaron para este monasterio la pobreza y el olvido.

-            [i] Vemos en uno de los santuarios la estatua gigantesca de Maitreya, o sea el Buda chino, imagen jovial, carillena, extremadamente panzuda, que hace reír a los mismos sacerdotes que le rinden culto. ¡Cuán lejos este coloso grotesco del sereno y noble solitario de Kamakura, esculpido igualmente por chinos!… [/i]

-            [i] monasterio despierta gran interés cuando se recuerda lo que representó para China, hace muchos siglos, la introducción del budismo. La nueva religión despertó la vida espiritual del país. Numerosos chinos, ansiosos de saber, emprendieron largas y penosas peregrinaciones hacia el remoto Tíbet, donde eran guardados en toda su pureza los recuerdos y las doctrinas de Buda [/i]

-            [i] En las inmediaciones del templo del Gran Lama existe el de Confucio y su anexo llamado el Salón de los Clásicos. [/i]

-            [i] El templo de Confucio en Pekín es de majestuosa simplicidad, muy grande, pero solemnemente vacío. Sus paredes no contienen imágenes; su principal adorno es una calma absoluta. Las columnas y las murallas, de un rojo uniforme, sólo tienen ligeros toques de oro.  [/i]

-            [i] En el centro, como único adorno, hay un ramo gigantesco de lotos surgiendo de un vaso de bronce de iguales dimensiones. [/i]

-            [i] La piedra de Confucio es más grande y parece presidir a las otras, ocupando un sitio preferente, el mismo del altar mayor en los templos. A ambos lados de ella están las piedras representativas de sus cuatro asociados (uno de los cuales fue su célebre continuador Mencio), de sus doce discípulos más ilustres, y de setenta y dos discípulos menores, alineados con arreglo a fechas y méritos. [/i]

-            [i] En este panteón severo, que nunca guardó cadáveres, y en la próxima sala, llamada de los Clásicos, donde se reúne algunas veces la Academia de Pekín, no se desarrolla ningún acto con carácter religioso. En realidad, Confucio fue un moralista que se mantuvo al margen de las religiones positivas. [/i]

-            [i] Los dos templos indiscutiblemente más antiguos de Pekín se hallan en el extremo opuesto, al principio de la Ciudad China, Son el templo del Cielo y el templo de la Agricultura. [/i]

-            [i] Únicamente separa a ambos parques sagrados la famosa calle de Enfrente, al avanzar recta por el centro de Pekín desde la puerta de igual nombre en la muralla de la Ciudad Tártara, a la puerta del sur que da entrada a la Ciudad China. [/i]

-            [i] La puerta y la calle se llaman de Enfrente (Chien-Men) porque están en el mismo eje que pasa por el centro del palacio imperial y por mitad también del Salón del Trono, donde daba audiencia el Hijo del Cielo. Éste, sin moverse de su asiento, si hacía abrir las puertas de los tres recintos fortificados de la Ciudad Imperial y la puerta del muro de la Ciudad Tártara, podía ver toda la longitud de la calle de Enfrente, bordeada de edificios y hormigueante de muchedumbre, en una extensión de diez kilómetros. Una vez al año seguía el emperador este camino para ir al templo del Cielo. Esta solemnidad era el día del solsticio de invierno. Jamás en el resto del año atravesaba el divino monarca las calles de su capital. No por ello lograban los súbditos ver su rostro el día de la citada fiesta. Los habitantes de la calle de Enmedio debían permanecer recluidos en sus casas, con pena de muerte si osaban mirar por una rendija. [/i]

-            [i] El templo del Cielo. El simbolismo del número 9. [/i]

-            [i] Subiendo escalinatas de mármol partidas por el «sendero imperial», llegamos al altar del sacrificio. A primera vista parece demasiado bajo, en relación con la arboleda y los otros edificios del parque. Pero los chinos no aman la enormidad en sus monumentos; buscan su belleza en la armonía de las proporciones, con arreglo a la educación de sus ojos. [/i]

-            [i] Cada una de dichas mesetas está separada de las otras por escalinatas de nueve peldaños. El 9 es el número sagrado de los chinos, como el 7 lo fue de los pueblos cristianos. La primitiva religión del país tiene nueve cielos; su antigua ciencia da a la tierra nueve grados; las divisiones del tiempo y del espacio se basan siempre sobre el citado número. [/i]

-            [i] Subía el emperador, en una mañana brumosa y frígida de nuestro mes de diciembre, a la plataforma más alta de dicho altar, para rendir sacrificio a sus padres, los señores del cielo. En esta ceremonia vestía una túnica de piel de cordero negro, forrada interiormente de zorro blanco, y encima un gabán de seda, en el que estaban bordados los dos dragones celestiales, el sol, la luna y las estrellas. [/i]

-            [i] Y el soberano iba ofreciendo a los espíritus celestes las viandas preparadas para esta ceremonia, los rollos escritos en pergamino y en seda, un novillo sin ningún defecto, un disco de lapislázuli. [/i]

-            [i] Ahora los jardines imperiales están olvidados. La República no puede mantener un ejército de miles de jardineros como lo hacían los Hijos del Cielo, derrochadores de tesoros. Pero a pesar de su abandono creciente y la tristeza de las tardes invernales, aún ofrecen un aspecto de melancólica majestad. [/i]

-            [i] Los lagos son varios y enormes, con islas y penínsulas cubiertas de arboleda. Como los chinos de Pekín vivían y morían lejos del océano, no vieron obstáculo alguno en llamar enfáticamente «mares» a estas extensiones acuáticas, y todavía conservan dicho título. Dentro de la Ciudad Prohibida se encuentran el Mar de Enmedio, el Mar del Norte, el Mar de las Cañas, y otros. [/i]

-            [i] No bastando a los emperadores abrir mares en el suelo de sus jardines, elevaron igualmente montañas. Pekín está asentado en una llanura polvorienta, y sólo al perder de vista la capital empiezan a columbrarse las estribaciones de una cordillera. [/i]

-            [i] Mei Shan (Montaña del Carbón). [/i]

-            [i] Según cuentan, debe su título a que cierto emperador, durante una de las remotas guerras civiles, hizo previsoramente enormes acopios de carbón, temiendo un asedio de sus enemigos. La gigantesca masa de combustible quedó en el olvido, los huracanes polvorientos que soplan sobre la planicie pekinesa la fueron cubriendo de tierra, y acabó por convertirse en una colina de rudas pendientes. Luego, los emperadores, despreciando por innecesario el contenido de la montaña artificial, cubrieron sus laderas con jardines, y durante varios siglos fue un lugar predilecto dentro de este mundo cerrado y majestuoso. [/i]

-            [i] En el centro del Mar de Enmedio o de los Lotos, sobre una colina artificial con bosques y palacios, está el famoso árbol encadenado. Cuando los emperadores manchúes, hace dos siglos y medio, destronaron a la dinastía de los Ming, apoderándose de Pekín, el último de los Ming no quiso sobrevivir a tal vergüenza y se ahorcó de una rama de dicho árbol. A los nuevos emperadores les convenía mantener intacto el prestigio de su investidura, la inviolabilidad religiosa de sus personas, y ordenaron el procesamiento del árbol por haber prestado sus ramas para esta acción sacrílega, condenándolo a prisión perpetua como reo de lesa majestad. [/i]

-            [i] Al licenciar la República el personal enorme mantenido por los emperadores en sus palacios, lo suplió con soldados de línea. Como el ejército es muy numeroso en este país extraordinariamente poblado y gusta más de vivir tranquilo que de ejercicios y maniobras, una gran parte de la guarnición de Pekín se halla dedicada a la vigilancia de los edificios públicos. [/i]

-            [i] Todos los artistas que han pintado escenas de Pekín colocan invariablemente junto a sus murallas una fila de camellos, y este detalle, que parece rebuscado adorno, no es más que copia exacta de la realidad. [/i]

-            [i] La antigua muralla de Pekín es la fortificación más grandiosa y más inútil que puede encontrarse en el mundo entero. Su anchura va más allá de las proporciones conocidas. Sin embargo, las fortificaciones de Pekín no sostuvieron jamás ningún sitio heroico y los invasores las atravesaron con facilidad. [/i]

-            [i] Antes el Hijo del Cielo podía ir desde la Ciudad Violeta al Palacio de Verano en barcas doradas, de las que tiraban grupos de servidores caminando por la orilla. [/i]

-            [i] Marchamos dos horas a caballo para ver un grupo de mausoleos de los emperadores Ming.  [/i]

-            [i] ¡Es tan extraordinario vivir en esta población, cuyo nombre aprendemos desde niños, como algo remotísimo que nunca llegaremos a ver!… La gran ciudad china figura en nuestras primeras impresiones como un lugar inaudito de absurda lejanía. Cuando oíamos hablar, siendo pequeños, de alguna persona que se había alejado para siempre, decían: «Se fue a Pekín», y no era preciso añadir más. Los hombres de verbo enérgico, para concretar algo que no podría realizarse nunca o no tolerarían de ningún modo, afirmaban: «Ni aquí ni en Pekín», y todo quedaba dicho. [/i]

 

 

Curiosidades Ciudad Prohibida:

-            [i] Estas escalinatas imperiales se hallan partidas por su bloque de mármol, acostado en mitad de los peldaños, que las divide en dos. Tal bloque es lo que se llama «sendero imperial». Cuando el emperador tenía que ascender por una de aquéllas, nunca empleaba los peldaños. Éstos eran para sus palaciegos, simples mortales, a los que era lícito mover las piernas como los demás hombres; el Hijo del Cielo sólo podía subir por una pendiente. [/i]

-            [i] los mandarines letrados por los peldaños de la derecha, los mandarines militares por los de la izquierda— , el Hijo del Cielo ascendía lentamente por el bloque de mármol intermedio. [/i]

-            [i] La República ha abierto todas las residencias imperiales, y desde hace catorce años un nuevo Pekín se ofrece a la curiosidad de los viajeros. La llamada Ciudad Prohibida puede ser visitada a todas horas en los tres diferentes recintos que la componen. [/i]

-            [i] El primero lo designó siempre el pueblo con el nombre de Ciudad Amarilla, a causa del color de las tejas barnizadas que cubren sus techos. En ella estaban los ministerios y otros centros de la vida oficial, pudiendo ser visitada por los extranjeros de distinción. El segundo recinto era la Ciudad Roja, llamada así por el color de sus muros. Nadie pasaba sus puertas si no pertenecía a la corte del Hijo del Cielo. En sus construcciones más avanzadas vivían los soldados de la Guardia del emperador y sus cortesanos. El tercer núcleo, o sea el lugar central y misterioso donde estaban las habitaciones del soberano y su familia, se llamaba la Ciudad Violeta, también por el color de sus techumbres. Pocos entraban en la Ciudad Violeta. Los mandarines importantes y los embajadores recibidos por el Hijo del Cielo no iban más allá de los patios majestuosos de la Ciudad Roja. [/i]

-            [i] Por encima de las murallas de la Ciudad Roja espejean las techumbres de los palacios imperiales, todas con tejas de laca amarilla, color que únicamente podía usar el Hijo del Cielo. Una sucesión de nueve patios enormes (siempre el número simbólico), en torno a los cuales corre una cuádruple fila de edificios, forma el núcleo de la Ciudad Prohibida. Estos patios se comunican a través de portadas, sobre mesetas de mármol que tienen por ambos lados amplios graderíos. Las portadas también son de mármol y constan de tres puertas, estando reservada la del centro para el emperador y las otras para los mandarines, según su categoría. Sobre cada una de aquéllas existe un pabellón de madera laqueada y dorada, con techo amarillo, [/i]

-            [i] Estos patios, orientados con arreglo a los puntos cardinales, tienen al sur y al norte las portadas de acceso, a ambos lados de ellas los salones más importantes, y al este y al oeste galerías, detrás de las cuales existen almacenes, dormitorios y cuadras. En torno al primer patio vivían los funcionarios palaciegos más modestos y los jefes de la Guardia imperial. Hay que advertir que la Ciudad Prohibida contaba siempre con una guarnición de 15.000 infantes y 5.000 jinetes. Todos los nueve patios tienen pavimento de mármol, y por su centro corre un río atravesado por tres o cinco puentes. Su extensión es tan enorme que el hombre parece perdido en ella,  [/i]

-            [i] En un tercer depósito se almacenaban las vestiduras de honor que el Hijo del Cielo regalaba como si fuesen condecoraciones a los funcionarios dignos de tal recompensa: gabanes de seda, con forros de zorro azul, de cibelina, de armiño. Otra sala contenía las piedras sin montar del tesoro imperial, diamantes, amatistas, esmeraldas, mármoles raros, jade de un verde tierno que parece vivir o veteado de oro, perlas finas pescadas por los súbditos de las provincias meridionales. El ropero imperial ocupaba un edificio de dos pisos, con armarios y cofres repletos de maravillosas vestimentas, [/i]

-            [i] En un sexto depósito estaban las armas, ricas y célebres, tomadas al enemigo, y otras ofrecidas por los embajadores de los monarcas tributarios... [/i]

-            [i] el aspecto de este segundo patio en días de gran recepción. Se abre en su parte norte lo que puede llamarse sala del trono y que los chinos titulan Taeho-Tien (Sala de la Gran Reunión). En el centro de ella colocaban el asiento del emperador [/i]

-            [i] Sobre las cinco mesetas de mármol que se escalonan hasta la Sala de la Gran Reunión se mantenían derechos miles de mandarines durante el curso de la ceremonia imperial. En este patio, donde podrían desplegarse cómodamente varios batallones europeos, formaban los destacamentos de las Ocho Banderas en que estaba dividido el ejército chino, con sus corazas multicolores, sus yelmos metálicos en forma de sombrilla, sus lanzas rematadas por anchos alfanjes, sus mosquetes que tenían por culatas cabezas de dragón, sus vestimentas de tinte anaranjado o azul [/i]

-            [i] las Ocho Banderas, emblemas de las antiguas tribus manchúes, amarilla, blanca, roja, azul o con diversas combinaciones de estos cuatro colores. [/i]

-            [i] En el fondo, ocupando un lugar secundario y modesto, formaban las tropas de la Bandera Verde, las más numerosas y plebeyas, que mantenían el orden en las provincias del Imperio, haciendo oficio de gendarmería. [/i]

-            [i] Mejor que museo debía titularse lo que se guarda en ellas «colección de riquezas nacionales que no pudieron robar los representantes de la civilización occidental». Sus porcelanas son de valor inestimable, piezas antiquísimas que parecen fabricadas por manos superiores a las del hombre. [/i]

-            [i] ¡Pero desaparecieron tantas riquezas!… ¡Fueron tan numerosos los robos!… Cada vez que nos muestran un objeto precioso estúpidamente destrozado, los guardianes del museo se limitan a decir: —Esto lo hicieron las tropas de las naciones civilizadas. Y sonríen con una amabilidad irónica. [/i]

 

Curiosidades Palacio Verano

-            [i] Vemos las salas de audiencia, la parte del Palacio de Verano que los emperadores destinaban al mundo exterior. Aquí venían a turbar su vida campestre ministros, embajadores o virreyes de las provincias  [/i]

-            [i] dos estatuas enormes de bronce, representando un fénix y un dragón, se alzan sobre pedestales de jaspe con sus bocas abiertas. Según me explica mi acompañante, que tantas veces pasó por estas habitaciones, las dos bestias esparcían por sus fauces una nube invisible de perfume mientras duraba la audiencia imperial [/i]

-            [i] vemos en patios y salones grandes vasos de bronce, verdes y dorados, con una fauna enroscada de monstruos escamosos. Estos recipientes contenían agua. Los chinos consideran higiénico tener vasijas de agua en sus habitaciones, por creer que este líquido purifica la atmósfera tragándose los miasmas. [/i]

-            [i] En el centro de dicho patio se levanta el escenario, edificio de tres pisos. Los actores hablaban a gritos, pasando de un piso a otro, según las exigencias escénicas. Miss Carl me describe las representaciones a que asistió muchas veces. Duraban un día entero, y en los entreactos comía el público, servido por el personal de las cocinas imperiales. Tres lados del patio estaban ocupados por los funcionarios de la corte, los personajes invitados por el emperador y los mandarines célebres por su sabiduría o sus hazañas guerreras. El lado restante era para las mujeres de la familia imperial y su séquito de damas. Varios biombos colocados oportunamente les permitían ver el escenario sin ser vistas a su vez por la concurrencia masculina. [/i]

-            [i] tiene todas sus riberas enlosadas de mármol en una extensión de kilómetros y kilómetros, con balaustradas también de mármol, talladas como un mueble precioso. Es una riqueza aplastante —no puede llamarse de otro modo—  [/i]

-            [i] Sobre una gran parte de estas riberas se extienden caminos cubiertos, galerías de madera pintada, que parecen no tener fin. En sus techos hay miles de paisajes representando los lugares más célebres de la China. Por los frisos corren procesiones de animales con una variedad infinita. [/i]

-            [i] Todas las pequeñas montañas son artificiales, hechas a brazo por multitudes innúmeras de trabajadores. Los palacios y templos de sus cumbres tienen plataformas y balaustradas de mármol, paredes de porcelana verde, blanca y azul, aleros de madera tallada con tejas de amarillo oro —el color imperial—, y por el filo de sus ángulos avanzan hileras de dragones y monos. [/i]

-            [i] Es el famoso Navío de Mármol. Esta isla en forma de embarcación la hizo construir uno de los últimos emperadores, colocando sobre su casco de mármol un palacio, también de la misma piedra. Un puente une la orilla y el buque inmóvil. Cuando al fin se reunieron los fondos necesarios para construir navíos de combate, el Hijo del Cielo empezó por dedicar una parte de ellos a su marina del Palacio de Verano, y creó este buque de mármol. [/i]

-            [i] Visitamos en lo alto de una montaña artificial el templo de los Diez Mil Budas. [/i]

-            [i] los directores de sus placeres improvisaban un puerto a orillas de este lago, con numerosos «juncos» mercantes anclados en sus aguas y todo el caserío de una ciudad comercial. Los cortesanos se disfrazaban de mercaderes y marinos; las damas de la corte eran criadas de taberna o desempeñaban peores papeles. El Hijo del Cielo, vestido como un vagabundo, hacía sus pequeños robos en el mercado de la ciudad fingida y circulaba por sus peores antros, sin que nadie se atreviese a reconocerlo. De pronto reñían cuchillo en mano falsos navegantes y tenderos, chillaban las hembras, acudía la guardia, y así iban reproduciéndose todas las escenas de los puertos chinos, corrompidos y pululantes como una gusanera. Este carnaval divertía durante unas semanas al Hijo del Cielo y a las 80.000 o 100.000 personas que vivían en torno de él. [/i]

-            [i] volaban sobre sus frondas millares de palomos amaestrados, a los que habían puesto una flautita debajo de cada ala. Eran animales eólicos que al volar iban dejando una estela de dulces sonidos, y como las pequeñas flautas tenían diversos tonos, estos músicos alados poblaban el espacio con las caprichosas armonías de una orquesta vagorosa.  [/i]

 

Curiosidades Gran Muralla

-            [i] Ocupa la Gran Muralla una longitud de 600 leguas, distancia mayor que la existente entre Madrid y París. [/i]

-            [i] por muchos puntos a la vez, dedicándose a ella millones de hombres. En menos de ocho años se realizó, venciendo todos los obstáculos naturales, y según cuentan los historiadores, murieron en esta empresa sobrehumana unos 400.000 hombres.[/i]

-            [i] El lugar más frecuentado por pintores y fotógrafos se halla a varias horas de Pekín, empleándose para llegar a él un ferrocarril que va a la Mongolia y tiene por término la ciudad de Kalgán, situada casi en pleno desierto. [/i] (Kalgan es el actual Zhangjiakou)

-            [i] Se detiene el tren en la estación de Chinglungchiao, nombre que no es fácil para dicho ni para escrito. [/i]

 

Curiosidades Shanghai

-            [i] Shanghai es el mayor puerto de exportación e importación del antiguo Imperio Celeste. Hong-Kong rivaliza con él en movimiento marítimo, pero no es más que un puerto de tránsito, mientras que Shanghai es puerto terminal. Además, Hong-Kong pertenece a Inglaterra, y Shanghai es de todos. Figura como ciudad china, y en realidad sólo una parte de ella es gobernada por funcionarios enviados de Pekín. El resto se compone de dos extensos distritos que los blancos gobiernan a su gusto. Uno de ellos es la Concesión Francesa, y el otro, más grande, la Concesión Internacional, el verdadero Shanghai de los negocios, dirigido por los cónsules de todos los países, dentro de cuya corporación se hace sentir naturalmente la influencia de los representantes de las naciones más poderosas en China, que son Inglaterra y los Estados Unidos. Habitan la Concesión Francesa los apoderados y agentes de las grandes sederías de Lyon, que adquieren aquí su primera materia. Además, pasan de 100.000 los chinos que se han instalado en dicha parte de la ciudad, bajo el amparo de las autoridades francesas, para librarse de las arbitrariedades de sus mandarines.  [/i]

-            [i] Shanghai, además de ser célebre en todo el Extremo Oriente por sus industrias y el movimiento de su puerto, hace sonreír a muchos cuando escuchan su nombre, unas veces con nostalgia, otras con cierta malicia. Es la capital del placer y el despilfarro. [/i]

-            [i] He estado poco tiempo en Shanghai y siento el deseo de volver a ella, con preferencia a otras ciudades conocidas en mi viaje. Tengo el presentimiento de que estudiándola puede escribirse una de las novelas más interesantes y originales de la época moderna. [/i]

 

Curiosidades Guangzhou:

-            [i] Cerca está Cantón, la más revolucionaria de las ciudades del antiguo Imperio, [/i]

-            [i] Los comités revolucionarios de Cantón se dedican a organizar huelgas en las colonias próximas, gobernadas por europeos, y estas huelgas han obtenido hasta ahora en Hong-Kong un éxito completo y ruidoso. [/i]

-            [i] Cantón fue la única metrópoli del Extremo Oriente que conocieron durante siglos europeos y americanos. Pekín permaneció cerrada para el mundo blanco hasta el último tercio del siglo XIX. Los Hijos del Cielo, deseosos de conservar aislado su vasto Imperio, habilitaron a Cantón como único puerto en el que podían ser admitidos los buques de las naciones cristianas. [/i]

-            [i] Durante cien años los capitanes portugueses monopolizaron el tráfico con Cantón, llevando a Europa por el cabo de Buena Esperanza sus sederías y porcelanas. Los españoles adquirían estos mismos artículos en Manila, enviados por los mercaderes cantoneses, y la Nao de Acapulco los llevaba hasta Nueva España a través del Pacífico. Fue bien entrado el siglo XVII cuando los ingleses empezaron a visitar el río de Cantón para cargar en sus naves el té, [/i]

-            [i] Esta afluencia de buques europeos y americanos fomentó la emigración indígena, y a ella se debe que todos los chinos esparcidos en el mundo sean de las provincias del sur y consideren a Cantón como una verdadera capital, con preferencia a Pekín. [/i]

-            [i] Cantoneses han sido los chinos más ilustrados de los últimos tiempos. [/i]

-            [i] Como era lógico, el movimiento republicano que dio fin a la dinastía de los «Muy Puros», tuvo su origen en Cantón. Pero una vez establecida la República, los hijos de dicha ciudad se negaron a continuar siendo gobernados desde Pekín, como en tiempos del Imperio, declarándose independientes y constituyendo la llamada República del Sur. [/i]

 

Curiosidades Macao:

-            [i] Macao, ciudad de vida agradable y juego libre, donde los chinos ricos arriesgan su dinero al fan-tan y los viajeros blancos pueden admirar los antiguos edificios de aire señorial,  [/i]

-            [i] Sería vergonzoso haber estado a cuatro o cinco horas de distancia y no visitar la vieja ciudad donde Camões, desterrado y pobre, compuso su poema inmortal, pensando en las glorias de la patria lejana. [/i]

-            [i] Antes de ser dueños de Macao, los marinos de Portugal se establecieron en otra isla de este estuario llamada Sancian, donde murió San Francisco Javier cuando se proponía entrar en China como primer apóstol del cristianismo. [/i]

-            [i] Macao, que fue llamada primitivamente «Ciudad del Santo Nombre de Dios en China» y luego vio sustituido dicho título por el de Macau, de origen indígena, [/i]

-            [i] Macao es una península semejante a Gibraltar [/i]

-            [i] puerto era el mejor de todo el estuario antes de que los ingleses fundasen Hong-Kong, hace tres cuartos de siglo. [/i]

-            [i] En el siglo XVI dio el gobierno chino a los portugueses este territorio de unos pocos kilómetros como recompensa por haber auxiliado con sus buques a las autoridades de Cantón en lucha contra unos piratas que pretendían apoderarse de dicha capital. Los holandeses intentaron hacerse dueños de la nueva colonia, pero fueron menos afortunados que en Ceilán, en Java y otras posesiones del Extremo Oriente arrebatadas por ellos a los portugueses. El vecindario repelió sus asaltos, derrotando finalmente a la flota holandesa. [/i]

-            [i] en el siglo XIX su guarnición sostuvo empeñados combates con los chinos, que pretendían recobrar la península. Ahora adquiere cada año mayor importancia, y dentro de poco rivalizará con Hong-Kong, gracias a su nuevo puerto. [/i]

-            [i] este puerto atraerá a todos los buques que no sean ingleses, por estar más cerca de Cantón que el de Hong-Kong. [/i]

-            [i] Macao no goza fama de ser un lugar de virtudes, más no por eso debe considerársele peor que los otros puertos del Extreme Oriente. Se diferencia de ellos en que los defectos de la vida china están aquí reglamentados, y por ello más a la vista que en las demás ciudades. Esta reglamentación sirve para que el viajero pueda verlos más directamente y con mayor seguridad al hallarse todos ellos bajo la vigilancia de la policía. [/i]

-            [i] La pequeña península de Macao, sin más tierra que la de sus paseos ni otra industria que su puerto, sólo ha podido vivir imponiendo contribuciones públicas a los vicios de la población china. [/i]

-            [i] El gran vicio chino es el juego, y en Macao es libre. [/i]

-            [i] El juego favorito de los chinos se llama el fan-tan. [/i]

-            [i] Los portugueses de Macao no merecen las censuras hipócritas que les dedican otras colonias europeas de Asia. Nunca ha impuesto Portugal a cañonazos el consumo de la citada droga, como Inglaterra, que hizo en 1842 la llamada «guerra del opio». Los mercaderes de Macao la venden a los buques que vienen a buscarla, y esta operación comercial proporciona un ingreso al Tesoro público. [/i]

 

 

 

Curiosidades históricas

-            [i] Hace cuatro meses fue asaltado un tren entre Pekín y Shanghai, y los bandidos secuestraron a los que iban en él (europeos y norteamericanos), para exigir grandes rescates. El gobierno, después de este suceso, se preocupa de vigilar las líneas férreas. No quiere que se repitan las reclamaciones diplomáticas; teme que el Japón aproveche tales incidentes para insinuar una vez más la conveniencia de que China le ceda la custodia de sus ferrocarriles. Esto traería como primer resultado el establecimiento de tropas japonesas dentro del territorio chino: una invasión disimulada igual a la de Manchuria. [/i] à Justo esto acabó pasando (Japón hizo un ataque de falsa bandera para justificar su invasión, el incidente de Mukden en 1931.

-            [i] Ni Grecia ni Roma tuvieron noticias de la civilización que se iba desarrollando, con muchos siglos de adelanto sobre ellas, al otro lado de la barrera formada por el Asia Menor, la Persia, la India y los mares misteriosos. [/i]

-            [i] Miss Catalina Carl es una pintora notable de los Estados Unidos y la única dama de occidental que vivió en los palacios imperiales de la China [/i]

-            [i] Tan satisfecha quedó la emperatriz de miss Carl, que años después le pidió que hiciese un segundo retrato de ella. Estas dos obras adornan los salones más grandes del Palacio de Verano. [/i]

-            [i] el pabellón quinticolor de la China revolucionaria: rojo, amarillo, azul, blanco y negro. La República hace gran ostentación de su nueva bandera, como si esto bastase para modernizar a un país que hasta hace poco no conocía otro símbolo patriótico que los dos dragones heráldicos de sus emperadores. [/i]

-            [i] Indudablemente la joven República vive en un estado anárquico. El gobierno de Pekín apenas si se ve obedecido en una menguada parte del territorio nacional, y sería menospreciado generalmente de faltarle el apoyo que le conceden los Estados Unidos e Inglaterra. Existen dos Repúblicas: la del norte, que es donde estamos, y la del sur, o sea la de Cantón, dirigida por el doctor Sun Yat-sen […] Pero la anarquía actual no pondrá en peligro de muerte a esta vastísima nación. China ha pasado en su historia de cincuenta siglos por períodos más tremendos [/i]

-            [i] La China saldrá de esta crisis. Es un país antiquísimo y al mismo tiempo eternamente joven, pues tiene el poder de renovarse gracias a la vitalidad de sus muchedumbres. Hasta los mayores detractores del chino reconocen su sobriedad, su valor para sobrellevar las privaciones de la pobreza, su entusiasmo en el trabajo. Ningún pueblo de la tierra está mejor dotado para amoldarse a los climas más extremos, soportando lo mismo los fríos de Siberia que los ardores del trópico. El gran geógrafo Reclus veía en los chinos y en los españoles los dos únicos pueblos aptos naturalmente para la colonización, a causa de la variedad geográfica de sus respectivos países, que les permite adaptarse a las diversas temperaturas del globo.  [/i]

-            [i] Observan los Estados Unidos con la China una política en la que van mezclados el egoísmo comercial y cierto romanticismo democrático. Su industria ve un inmenso mercado de exportación en este país de quinientos millones de seres. Su gobierno procura atraérselo por medio de la gratitud, y para ello le protege abiertamente de las ambiciones conquistadoras del Japón [/i]

-            [i] antes de medio siglo podrá tener verdadera República, sólidamente cimentada y ordenada, algo que tendría derecho a titularse los Estados Unidos de Asia. [/i]

-            [i] Los Estados Unidos, para evitar el tan famoso «peligro amarillo» y al mismo tiempo por el romanticismo democrático mencionado antes, procuran que las demás potencias dejen en paz a la República china y ésta se vaya reformando lentamente por sí sola hasta crearse, sin injerencias extranjeras, el alma moderna que aún no posee. [/i]

 

Marco Polo

-            [i] Cuatro grandes héroes tiene la Geografía: Alejandro, que llevó la influencia griega hasta el Ganges; Marco Polo, Colón y Magallanes. [/i]

-            [i] Marco Polo fue un personaje en el Pekín de hace siete siglos, que se llamaba entonces Cambaluc (la Ciudad del Señor), y él titula en su libro Gran Ciudad del Catay. [/i]

-            [i] Luego los incrédulos y los maldicientes hicieron materia de dudas y bromas estas historias de un mundo lejano, y muchos de sus compatriotas acabaron por apodarle «Micer Millones». [/i]

-            [i] Estando en la cárcel por haber caído prisionero de los enemigos de Venecia en una batalla naval, escribió la crónica de sus viajes a través del Asia. En sus últimos días, al hablar melancólicamente de la incredulidad de sus contemporáneos, afirmó no haber puesto en su libro ni la décima parte de las maravillas vistas por él. [/i]

-            [i] Él hizo conocer al Preste Juan de las Indias, rey misterioso del que tanto se ocuparon los autores medievales; él lanzó los nombres de Catay y Cipango para designar la China y el Japón; él fue el primero en describir como testigo visual las riquezas del Gran Kan y sus palacios de Pekín. [/i]

-            [i] El libro de un explorador que vivió en Pekín a fines del siglo XIII sirvió para que dos siglos después otro aventurero genial, con tres puñados de españoles sobre tres barquitos, fuese en busca del Japón y la China por el lado de poniente, aprovechando la redondez de la tierra. [/i]

-            [i] las montañas de Catay. Rodrigues y yo recordamos a Marco Polo. El nombre de Catay lo aplicó el célebre viajero a la China entera, y durante siglos el mundo cristiano dio el título de unas montañas del sur a todo el vasto Imperio gobernado por el Gran Kan. [/i]

Literatura:

-            [i] El frío, maestro de humildad. [/i]

-            [i] Lo admirable de estas vasijas gigantescas, desfiguradas por la rapacidad de los invasores, es su timbre sonoro. Basta dar en ellas con los nudillos para que salga de sus entrañas una vibración misteriosa y ultraterrena, un eco que hace recordar las melodías planetarias imaginadas por los pitagóricos. [/i]

-            [i] los personajes soberbios de la Historia, al construir monumentos que se imaginan inmortales, trabajan para el cuervo, la araña, el lagarto y la hiedra, sus herederos forzosos. [/i]

-            [i] Si me preguntan cuál es la sensación más honda y duradera de mi viaje alrededor del mundo, tal vez afirme que el viaje de Macao a Hong-Kong, sobre un mar dormido como una laguna, bajo la cúpula de una noche esplendorosa, con el incentivo de marchar en el misterio, costeando peligros y casi al ras de las aguas.[…] Ha surgido la luna sobre el lomo oscuro de una de tantas islas. Es simplemente un cuarto creciente, pero la vigorosa luz traza un ancho camino de lácteo resplandor sobre la llanura lóbrega moteada de rojo por las lucecitas de los juncos. Las estrellas son tantas en este cielo tibio, que al levantar la cabeza para verlas, parpadean los ojos cual si lloviese sobre ellos polvo de luz. Detrás de la popa huye el camino lunar, ondeado por el cabrilleo de las aguas. Este camino forma un triángulo. Se estrecha hasta unir sus dos bordes en el límite del horizonte y sobre este vértice asoma a intervalos un diamante rojo que lanza contados centelleos, siempre los mismos, y vuelve a ocultarse en momentáneo eclipse: el faro de Macao. Ofrece la proa un espectáculo más extraordinario al deslizarse por sus dos flancos el agua partida en espumas. ¡Las fosforescencias del mar chino!… [/i]

-            [i] Yo siento por el pueblo chino el respeto que merece un glorioso antepasado. Recuerdo la emoción de Goethe, a los ochenta años de edad, leyendo en su retiro de Weimar una novela china de fábula sana, con descripciones tan frescas y vivientes como las de una obra moderna. —¡Y pensar —decía asombrado el poeta— que esta novela fue escrita hace 3000 años, cuando muchos de los hombres de Europa acampaban aún en los bosques! [/i]


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